Por Fabio Albornoz.

Ig: @fabioalbornoz14

Con tan solo dos películas (Hereditary, Midsommar) y 36 años apenas cumplidos, Ari Aster se ganó a partes iguales el amor y el odio de los cinéfilos. Había quienes lo clamaban como uno de los autores más originales y sofisticados de un nuevo cine de terror “intelectual”, mientras que otros le adjudicaban el NO entender las reglas de los géneros (entre otras cosas).

Si existe una síntesis que podría establecer entre ambas posturas es que, por un lado, Aster se ha conformado como una interesante voz del cine actual, un cineasta con ideas, que ha dotado al fantástico de una variable que se agradece (lejana a las fórmulas, con su propio sello), donde combina muy bien ese juego de tonos con el patetismo y el grotesco, y donde el terror se produce como un constructo que se desprende del drama.


Por otra parte, también es verdad que Aster está siendo el “culpable” de que sus defensores comiencen a ver de reojo otro cine de terror sin ínfulas intelectuales. La denominación de terror elevado (un término creado por periodistas y no por el realizador) presupone la existencia de una forma de abordar el género inteligente, intelectual, metafórico, suponiendo, además, que de alguna manera las películas dirigidas por John Carpenter o Dario Argento, por ejemplo, carecieran de todas esas virtudes.

Esa postura conservadora y errónea, suele colocar a Robert Eggers y Ari Aster como sus máximos representantes. Pero lo que los detractores suelen omitir, es que se trata de una mera creación periodística de la que estos cineastas no deberían tener que hacerse cargo. También dentro del intelectualismo con el que se ve HEREDITARY y MIDSOMMAR se suele pasar por alto el gran componente satírico de los films, algo que directamente estalla por los aires en su nuevo trabajo.


Bien o mal, cada nueva película de Aster se está transformando en un acontecimiento esperado. Cuando uno presuponía que con HEREDITARY y MIDSOMMAR, se estaba construyendo una ruta hacia donde iba su filmografía, Aster aparece con BEAU IS AFRAID, protagonizada por Joaquin Phoenix, una película plenamente construida para exacerbar esas dos posturas. Hasta su duración de tres horas parece una provocación. BEAU IS AFRAID es también la película más cara de la historia de la A24. 35 millones de dólares que le daban carta a blanca a Aster para hacer lo que quisiera. Es decir, el director neoyorquino con solo 3 películas tenía la posibilidad de libre albedrío. Lo que a muchísimos autores les pudo haber tomado al menos media docena de producciones.


¿La trama? Complicado, pero en términos prácticos se la podría definir como el viaje de Beau, un hombre con serios problemas mentales, quien debe salir de la seguridad de su hogar para llegar al velorio de su madre recientemente fallecida. Al igual que en cada una de las películas de Aster, su protagonista (Phoenix) debe atravesar un tour de force emocional para sanar sus traumas, pero lo que funcionaba estupendamente en sus anteriores películas, aquí no se logra, porque esa travesía en verdad nunca se consolida como un arco transformador.


Del minuto 1 al 180, Beau tiene miedo, y cuando parece tomar una acción que podría transformarlo, el film vuelve a condenarlo a la repetición, como un bucle del que no se puede salir, motivo que revela el carácter caprichoso de todo el film. Nada de lo que se recorre sirve para construir más que solo ser un efecto acumulativo.


El origen narrativo de BEAU IS AFRAID proviene de un cortometraje que Aster realizó en 2011, y como sucede casi siempre, ahí radica otro de sus problemas. Los primeros 30 minutos de la película son fantásticos. Aster configura una notable tesis sobre la esquizofrenia en un mundo que para Beau es caótico, en donde todo atenta contra él, y cuyo departamento se resiste como refugio y única zona segura. Nuevamente es la tragedia la que golpea y obliga a que Beau deba exponerse a los horrores del afuera. Aster demuestra un control del espacio, la atmósfera, el sonido y los tonos, ratificando la gran capacidad de sus anteriores trabajos, pero lamentablemente luego quedan 2 horas y media por delante que son un rapto de locura creativa (en el peor de los sentidos).


Cuando se habla de que a veces las limitaciones que ponen los productores a los directores son importantes, nos referimos a casos como este. BEAU IS AFRAID es libertad creativa sin riendas. Hay secuencias animadas, excesos de lo más variopintos, sueños, cambios de texturas y géneros saltando por los aires. Siendo generosos, tal vez si la película hubiese durado 90 minutos sería mil veces mejor. Y para que quede claro, no es una cuestión de duración, solo que en el caso de BEAU las tres horas no están justificadas, en él se acumula de manera reiterativa su drama freudiano hasta el cansancio.


BEAU IS AFRAID es un fuerte traspié en la filmografía de Aster. Comidilla perfecta para sus detractores. Aunque la película resulta irritante y de lo peor del año, es un logro que hayan decidido estrenarla en cine (bravo, Cine Lorca): BEAU IS AFRAID se hace insostenible de ver en casa. Demasiadas distracciones del mundo exterior atentan contra un film que se agota a la media hora, pero cuya única posibilidad de realmente interesar (o atrapar) radicaba en su proyección a pantalla grande.

Un capricho costoso de 35 millones de dólares que se solucionaba (para Aster) con una buena sesión de psicoanálisis en Nueva York.

Puntuación: 2 de 5.

Título original: Beau Is Afraid. Año: 2023. Duración: 179 min.País: Estados Unidos. Dirección y guión: Ari Aster. Reparto: Joaquin Phoenix, Nathan Lane, Amy Ryan, Kylie Rogers, Armen Nahapetian. Fotografía: Pawel Pogorzelski. Compañías: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido-Finlandia;  A24, Square Peg, IPR.VC, AccessIndustries. Distribuidora: A24. Género: Drama. Comedia


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