Miss Carbón, de Agustina Macri.
Nadie se salva solo.
Por Carla Leonardi.
Nuevamente un personaje femenino que no se adecua a los estándares, con existencia real y basado en una obra literaria es el centro de la narración del segundo largometraje de la realizadora argentina Agustina Macri. Si otrora se trataba de María Soledad Rosas, la joven argentina que fue parte de un movimiento anarquista en Italia a fines de los años 90 (Soledad, 2018), aquí – en Miss Carbón (2025) – se trata de Carlita Rodríguez, la primera mujer en ser admitida como minera en las minas de Río Turbio (Provincia de Santa Cruz), a comienzos de los 2000. Si su opera prima estaba basada en la novela Amor y anarquía (Martín Caparros, 2003), aquí la influencia es el escrito La reina del carbón (2019), de la escritora argentina Erika Halvorsen, quien tiene a su cargo el guión junto a Mara Pescio.
Soledad fue la carta de presentación de Agustina Macri, la película de aprendizaje y ensayo. Aquí se esbozan ciertos rasgos de interés y de autoría. Donde antes primaba el final trágico, aquí despunta la esperanza, de la mano de la lucha colectiva.
En el comienzo de este drama intimista y social, coproducción argentino-española, se trata del dictamen en suspenso de la ganadora del concurso de belleza donde se elige a la Reina del Carbón, mundo ligado a la belleza femenina hegemónica. Y seguidamente, en contraste y en las sombras de la noche, relegado a la clandestinidad, el sexo furtivo del joven Carlos Rodríguez (Lux Pascal), junto a otro varón. Este destino de marginalidad para una persona travesti en un pueblo minero donde predomina una lógica patriarcal heteronormativa, pero al mismo tiempo hipócrita, se verifica en el rechazo paterno (interpretado por Jorge Román) a acogerlo en su hogar por no responder a sus deseos proyectados de un hijo bien macho y por ende, en su consecuente refugio en el bar de prostitutas llamado Escorpio, tras vagar por el pueblo bajo el estigma de “el puto”.

Desde lo formal, estas ideas son transmitidas por la directora mediante el predominio de las escenas nocturnas y el paisaje patagónico, no solo al servicio de la belleza estética, sino también para dar cuenta de la cruda frialdad de la población de Río Turbio para con los diferentes.
Al mismo tiempo, es interesante el recurso del inserto subjetivo del orden de lo fantástico en el lugar de la estatua de Santa Barbara (la protectora de los mineros), como proyección del anhelo más profundo de Carlos: ser una minera espléndida consagrada como reina del carbón. Es esta aparición la que, tras cumplir 18 años, le da la fuerza, contra toda discriminación, para presentarse en Yacimientos Carboníferos respondiendo a la solicitud de empleo para la mina. Y contra todo prejuicio, Carli, como se da en llamar, resulta estar perfectamente capacitado desde lo físico y lo psicológico para trabajar en el interior de la mina. Durante la capacitación, se descubre que realiza muy bien su trabajo y recibe miradas de soslayo por parte de sus compañeros mineros, que, no obstante, comienzan a respetarlo cuando se defiende, pudiendo hablar de aquello que ocultan cada noche que van al Club Escorpio, luego de la jornada laboral. En la conversación con su amiga Viole (Laura Grandinetti), se plantea la pregunta de que, en tanto travesti, el trabajo en el interior de la mina, con todos los riesgos que implica, sea un destino menos ingrato y fatal que quedar inexorablemente relegada a la prostitución.

La directora muestra muy bien el machismo patriarcal del mundo minero a través de las tradiciones locales como la procesión en honor a Santa Barbara y el mito de la viuda negra, mediante el cual se prohíbe a las mujeres el ingreso al interior de la mina, ya que se culpa a la causa de deseo que soporta una mujer como potencial peligro de distracciones y desgracias. El mito refleja así el rechazo a lo femenino en la sociedad minera, pues si se acepta a la mujer en tanto esposa, madre o prostituta, es decir, la versión idealizada o degradada, fetichizada por el hombre.
En la mutación subjetiva que va realizando Carli vamos viendo que su posición va más allá de quien como hombre se trasviste con ropas y apariencia de género femenino. Se trata en realidad de una identidad transexual, pues siendo biológicamente hombre, su posición sexuada es femenina, lo cual se refleja mediante su interés por el amor, a través de la película melodramática Camila (María Luisa Bemberg, 1984) que mira en la televisión, y también mediante su interés por querer saber de lo femenino.
Rompiendo con el mito de la viuda negra y los prejuicios sociales, si Carlos Rodríguez consigue entrar a la mina como mujer es valiéndose en principio del subterfugio de su fuerza física biológica, casi del mismo modo como, en otras épocas, las escritoras hacían pasar sus obras valiéndose de un seudónimo masculino.

Se trata así de los tiempos felices, que la directora trabaja mediante el ingreso de la luz, en contraste con la oscuridad que imperaba en el comienzo de la película, que se hace patente cuando consigue comprar a crédito con su sueldo su propia vivienda y cuando comienza su romance con un ingeniero español (Paco León), radicado en Río Gallegos. Que este idilio, pese al entusiasmo, está destinado a lo efímero, está marcado en la película en más de una ocasión.
El descenso al infierno vendrá a partir de que se sancione la Ley de identidad de Género en el año 2012, lo cual se vislumbra en la algarabía del colectivo trans y en cambio, en el rostro triste de Carli. Y efectivamente, al adecuar su DNI a su posición sexuada femenina, Carlita será rechazada para continuar trabajando en el interior de la mina, y destinada a realizar tareas administrativas propias de mujeres en el exterior. Aquí es interesante, por un lado, el debate que se del colectivo travesti, respecto de adecuar la biología a una posición sexuada que es simbólica; lo cual anula su efecto de sexualidad disidente, para volver a reducirla al binarismo de género. En este punto, Carlita se posiciona como una mujer no-toda, ya que, si bien realiza un tratamiento hormonal y una cirugía mamaria, conserva su pene. Y, por otra parte, la directora muestra muy bien cómo el rechazo de lo femenino, es mucho más virulento en las propias mujeres, incapaces de hacerle lugar a Carlita en los escritorios de la oficina, e incluso en el baño. Esta segregación que sufre del conjunto de las mujeres, está trabajada desde lo formal mediante la paleta de colores impersonales y apagados, propia del mundo rutinario de la oficina.

Incomprendida entonces, la protagonista atraviesa un derrotero emocional que se refleja en su semblante, su falta de voluntad para volver al trabajo y la decisión de solicitar una licencia psiquiátrica. Mientras Carlita es rechazada por su entorno familiar directo y por las mujeres, también hay quienes le tienden una mano: como Lohana (Romina Escobar), la travesti de Escorpio que la aloja en su casa los primeros tiempos, su amiga de la infancia Viole, y su compañero de trabajo El Cóndor, con quien traba cierta complicidad. De ahí que la calidez de la iluminación no la abandona, pese a su desánimo interno.
Miss Carbón es una película que se destaca por el carisma de Lux Pascal, por el manejo de la fotografía y de la luz para reflejar los climas emocionales que atraviesa Carlita, y por la sutileza narrativa, evitando estridencias patéticas. Además, en una época que ensalza el individualismo, tiene el mérito de poner el foco en la fuerza de la unión en la lucha para lograr transformar las estructuras sociales. El resultado es un trabajo prolijo, que sitúa a Agustina Macri como una realizadora con inquietudes e ideas visuales interesantes, que veremos si consigue afianzarlas como rasgos de autoría en sus próximos proyectos.
Miss Carbón es una película que se destaca por el carisma de Lux Pascal, por el manejo de la fotografía y de la luz para reflejar los climas emocionales que atraviesa Carlita, y por la sutileza narrativa, evitando estridencias patéticas. Además, en una época que ensalza el individualismo, tiene el mérito de poner el foco en la fuerza de la unión en la lucha para lograr transformar las estructuras sociales. El resultado es un trabajo prolijo, que sitúa a Agustina Macri como una realizadora con inquietudes e ideas visuales interesantes, que veremos si consigue afianzarlas como rasgos de autoría en sus próximos proyectos.
BUENA
TÍTULO: Miss Carbón
AÑO: 2025
GÉNERO: Drama
NACIONALIDAD: España, Argentina
PRODUCIDO POR: Merry Colomer y María Soler
COPRODUCIDO POR: Daniel Pensa y Miguel Ángel Roca
PRODUCTORA EJECUTIVA: Pilar Benito
DIRIGIDA POR: Agustina Macri
ESCRITA POR: Erika Halvorsen y Mara Pescio. Inspirada en la historia real de Carlita Rodríguez.
CAST: Lux Pascal, Laura Grandinetti, Romina Escobar, Simone Mercado, Federico Marzullo, Gabriella Pastor y Agostina Inella. Con la participación especial de José Román y Paco León.
Una producción de MORENA FILMS y THE WARNING OF RIVARD A.I.E, en coproducción con PENSA & ROCCA CINE, con la participación MOVISTAR+ y FILMIN, con el apoyo de INCAA y PROGRAMA IBERMEDIA. Distribuida por CARAMEL FILMS. Ventas internacionales: FANDANGO

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