«Molly Bloom», de James Joyce.
Por Carla Leonardi.
El famoso monólogo de Molly Bloom es el ultimo capitulo del Ulises de Joyce, En esta novela, el escritor irlandés toma como referencia La odisea de Homero y desarrolla, en capítulos que corresponden cada uno a un genero diferente, el periplo de un día por las calles de Dublin de uno de sus protagonistas, desde que sale hasta que regresa al hogar a recostarse junto a Molly, su esposa. En este monólogo interior, que como fluir de la conciencia carece de puntuación, Molly, tendida en la cama, recuerda en un torrente de palabras su primer amor en Gibraltar, los amores de su vida, su relación con su esposo Harold Bloom, su reticencia a mantener relaciones sexuales con él tras la muerte de su hijo y el adulterio cometido en las horas de la tarde; que la diferencia de la fiel Penelope.
La puesta en escena de Molly Bloom, con dirección Carmen Baliero y protagonizada por Cristina Banegas, se reduce a un atril con las hojas del monólogo, que evoca a las partituras musicales, y al cuerpo de la actriz que, como instrumento, le pondrá voz y gestualidad corporal. La vaciedad del decorado da cuenta de que el énfasis no está puesto en representar a una mujer recostada cavilando sobre su vida, aunque de eso se trate también. Esta disposición escénica es un gran acierto, porque apunta directamente al corazón del capitulo final del Ulises, que es la musicalidad de las palabras, su erótica, más que el sentido. De ahí que Banegas no recita monologando hacia un público espectador, sino que se ensimisma en su interpretación corporeo-vocal, como lo hacen los buenos músicos cuando comienzan a improvisar. Así los movimientos de su cuerpo siguen, cuasi en trance el ritmo frenético de las palabras, apelando a los cambios de tono y de cadencia: más susurrado por momentos, trepidante, cargado de enérgico enojo, obsceno o directamente cantado a viva y melodiosa voz, en otros. Y mientras tanto, los cambios en la iluminación acompañan los increscendos o decrescendos de la cadencia musical, dibujando el movimiento de una flor que se abre, para luego lentamente languidecer. Las inflexiones de la voz de Banegas, su singular respiración, dan peso a las palabras, insuflándoles una voluptuosidad desenfrenada que encuentra su clímax en ese “y sí dije sí quiero Sí.” del final, donde el sí se afirma como la palabra femenina por excelencia, aquella palabra poética que apunta a nombrar algo de su goce irrepresentable, que escribe el consentimiento de entregarse a la experiencia de volverse Otra para sí misma en el extravío del goce.
Banegas imprime al texto una velocidad extasiada con la que logra que nos olvidemos de tratar de comprender y que en cambio, nos abandonemos a la experiencia mecernos por la música de las palabras. Molly Bloom tiene toda la potencia de un acontecimiento teatral, que bien vale experimentar alguna vez.
Excelente.

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FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA
Autoría:James Joyce. Adaptación:Ana Alvarado, Cristina Banegas, Laura Fryd. Traducción:Cristina Banegas, Laura Fryd. Actúan:Cristina Banegas. Operación de luces:Luciana Suppicich. Diseño De Iluminación:Verónica Alcoba. Fotografía:Nora Lezano. Colaboración en escenografia:Julieta Capece, Juan Teodoro. Asistencia de dirección:Matías Macri. Producción ejecutiva:Jorge Thefs. Producción:El Excéntrico De La 18. Dirección de arte:Juan José Cambre. Dirección:Carmen Baliero

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