«Lengua, lengua, lengua», de Carolina Mazzaferro.
Por Carla Leonardi.
El psicoanalista francés Jacques Lacan plantea como efecto que el sujeto recibe de las determinaciones del lenguaje como norma social un goce ligado al padecimiento, mientras que toma a los testimonios de las místicas como paradigma de un otro goce que no se liga al sufrimiento, al cual denomina goce femenino. La dramaturga y directora teatral Carolina Mazzaferro, como buena artista, se adelanta a los psicoanalistas (y se me armó una rima!); en su obra Lengua, lengua, lengua, que fue ganadora del XIV premio Germán Rozenmacher de Nueva Dramaturgia.
En el medioevo se consideraba como brujas a aquellas mujeres que no se acomodaban a la norma que las reducía y encorsetaba en el rol de esposa y madre. Se trataba de mujeres que denunciaban mediante las patomimícas crisis histéricas, el silencio al que las sometía el poder patriarcal y eclesial, ya que la sexualidad se encontraba constreñida únicamente al servicio de la reproducción.
La obra de Mazzaferro, ambientada en la época medieval, en bosques aledaños, la panadería del pueblo, la abadía y la colina, que son recreados por una puesta en escena minimalista de paneles que se mueven y aprovechando los desniveles de la estructura con la que cuenta el propio el Espacio Callejón, donde se llevan a cabo las funciones, nos ofrece una versión más acorde al goce femenino, de lo que podemos entender como brujas, a quienes el poder de la inquisición quiere quemar en la hoguera. Porque en sentido estricto el mal no está en la carne, sino en el verbo hecho carne, es decir, en la lengua. Porque la lengua mal se ajusta a los controles y siempre termina hablando sola, diciendo de más y nombrando de otro y nuevo modo que el lenguaje del discurso corriente.
Es entonces el goce hereje de la lengua, que fluye en versos que resuenan por su cantar, por rimas homofónicas y que la dramaturga pone y contagia en las bocas-lenguas voluptuosas de cada uno de sus personajes, el que es condenado por la abadesa como representante de la inquisición, motivo por el cual la joven panadera Alba con las delicias de doble sentido y rima que produce, quien se encuentra en peligro de morir en la hoguera. Pero dos novicias rebeldes, pues son brujas travestidas de monja, agentes encubiertos, construyen el plan de recrear una ficción dentro de la ficción, el traer al personaje el Señor como verbo encarnado por antonomasia, para dirimir la cuestión y así salvar el alma de Alba.
La obra está encarada desde la comedia paródica, con mucho ingenio desde los juegos de la lengua puestos en boca de los personajes y muy bien sostenida por las actrices y el actor que conforman el elenco. Incluso el detalle de que sea un varón quien intérprete a una monja, también desarma la idea de que el goce femenino sería patrimonio exclusivo de las hembras. Tan sólo se trata de deponer la tendencia al dominio, de dejarse llevar y divertirse con el puro juego de la lengua, algo que Mazzaferro conoce y maneja muy bien, y de este modo consigue que el efecto del éxtasis que estalla en la risa, sacuda por un rato el cuerpo de los espectadores.
Calificación: Muy buena.
FICHA TÉCNICA
Dramaturgia y dirección: Carolina Mazzaferro / Elenco: Joaquín Sesma, Jazmín Broitman, Maite Rodríguez Chietino, Analía Malvido, Claudia Quiroga, Ana Antony, Caro Go, Julieta Timossi / Diseño sonoro y música en vivo: Sofía Gambino / Asistencia de sonido: Tomás Stagnaro / Diseño gráfico: Caro Go / Diseño de escenografía: Maricel Aguirre / Diseño de vestuario: Paula Ameri / Diseño de iluminación: Lía Bianchi / Asistencia de iluminación: Nadia Farías / Asistencia de dirección: Malena Vince / Producción: Guadalupe Cruz.
Sábados 22.15hs | Espacio Callejón (Humahuaca 3759)
Entradas por Alternativa Teatral

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