«Captura de aves silvestres», del Grupo Basamenta.
Por Carla Leonardi.
El teatro en esencia es puro juego, que nos remite al «como si» de los juegos simbólicos de la infancia y es esto lo que consigue transmitirnos el Grupo Basamenta con su interpretación en la obra Captura de aves silvestres, con dirección de Ignacio Torres. Pues más allá de todo lo que la pieza permite pensar, es el goce de la poética de los cuerpos en el escenario el que está en primer plano.
El título mismo ya habilita la equivocidad a dos lecturas posibles de la obra, que hunde sus raíces en la investigación y la improvisación teatral; por un lado, la historia de un grupo humano de ambientalistas y proteccionistas de aves que realiza su labor cotidiana de observación, investigación y difusión social sobre el peligro que acecha al ecosistema, con la caza despiadada y la contaminación ambiental, y por otro, la de un grupo de actores que se deja llevar por el juego de “capturar” mediante la mímesis del cuerpo y la voz la experiencia de ser aves, en un contexto donde las fronteras entre la persistencia y la extinción se vuelven frágiles e inestables.
Así, la obra se entreteje desmontado su propio artificio teatral mediante las indicaciones que algún actor, en el rol de dirección, da a sus otros compañeros acerca de cómo componer corporalmente a un ave o de cómo construir ciertas escenas, a la vez que hilvana cierta narrativa mínima sobre la convivencia entre las aves y los humanos, sobre sus similitudes y diferencias en lo que hace a hábitos, al cortejo, a la soledad y la pertenencia a un grupo, al cariño forjado, al dolor de partir o dejar partir.
Por su carácter de obra abierta, son múltiples las intertextualidades y sentidos que se despliegan: desde La metamorfosis de Kafka, pasando por Las aves de Aristófanes, La gaviota de Chejov, la Oda al ruiseñor de John Keats, o Al ruiseñor de Borges, incluso El cuervo de Poe, que en su reiterado «nevermore, nevermore»; pone en primer plano la dimensión de la musicalidad de la voz humana, que bien se puede acercar al canto de los pájaros, como bien da cuenta en varios momentos de la obra el Grupo Basamenta con gran solvencia actoral.
Así, ya no estamos en presencia del encierro en los marcos que los roles de género o los mandatos familiares o sociales imponen a los cuerpos humanos. Estos cuerpos mutan, bailan, cantan y vuelan. Y entonces, el teatro mismo como espacio de juego que rompe con el realismo cotidiano es metáfora de la libertad de las aves, un pequeño reducto, que permite a los humanos tocar algo del orden de lo divino y lo sagrado, al permitir el vuelo de la fantasía, del disparate humorístico y del invento creativo. El deleite que transmite el grupo Basamenta es tanto, que como espectador uno siente ganas de levantarse de la butaca y unirse a jugar con la bandada.
Calificación: Muy buena.

Ficha técnico – artística.
Idea: Grupo Basamenta
Actúan: Matías Corradino, Pía Fonseca, Fernando Morales, Julieta Raponi, Tomás Torres Oviedo
Vestuario: Maricel Aguirre
Diseño de iluminación: Víctor Chacón
Diseño de escenografía: Jose Mehrez, Leandro Sartoretti
Diseño de luces: Leandro Crocco
Video: Gastón Bejas
Fotografía: Mariano Asseff, Gastón Bejas, Pilar Boyle
Diseño gráfico: Gastón Bejas
Entrenamiento corporal: Pablo Castronovo
Entrenamiento vocal: Lili Rossi
Asistencia de dirección: Sofía Puchulú, Tomás Torres Oviedo
Producción ejecutiva: Jimena Morrone
Dirección: Ignacio Torres
Fecha de nueva función a confirmar. Sigan al equipo en

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