«Juegos de fábrica». Aguda reflexión sobre los andamiajes del poder.

Por Carla Leonardi.

“La verdad oculta tras de todo esto, es la de que el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad. Por consiguiente, el prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo. Homo homini lupus: ¿quién se atrevería a refutar este refrán, después de todas las experiencias de la vida y de la Historia?” 

Freud, El malestar en la cultura, 1929 

El epígrafe precedente bien puede servir para leer Juegos de fábrica, que el dramaturgo y director Nicolas Manasseri pone en escena ahora con mayor crueldad al emplear las claves de un  realismo costumbrista sombrío, mientras que la versión original, que era un musical, permitía introducir cierto efecto apaciguador de lo fantástico. Estamos en Argentina, a comienzos el siglo XX, y un grupo de niños de diferentes edades y clases sociales se refugia y juega en una fábrica abandonada, de manera que ese lugar y sus habitantes funcionan como metáfora de la sociedad. No es casual la temporalidad en que se ambienta la obra, pues estamos en los albores de lo que se llamó la “década infame”, con el golpe de estado que derrocó a Hipolito Yrigoyen, del mismo modo que no es casual la época en que Freud escribió El malestar en la cultura, que anticipa el surgimiento del nazismo, al incorporar la pulsión de destrucción como parte de la condición humana y por lo tanto, hace del malestar en la cultura un elemento ineliminable con el que cada quien tiene que arreglárselas de alguna manera.

Los nombres de los personajes ya determinan sus posiciones: Uno, el mayor de tres hermanos de una familia acomodada, es el líder totalitario de ese espacio. En la fabrica se hace y se juega a lo que él ordena, sin que eso pueda ser cuestionado. El orden que impone es la ley del más fuerte, del más macho, punto en que virilidad y fuerza bruta se asocian, más que la fuerza simbólica. Por otra parte, tenemos a Segundo, el mayor de los primos, que como su nombre lo indica, de condición humilde, es metáfora del lugar de sometimiento en que queda por fuerza y voluntad de la clase dominante. Los niños ricos van a la escuela, se forjan un porvenir y juegan por la tarde, mientras que los humildes tienen que trabajar y ven en el acceso a la educación la posibilidad de progresar. Pero la explotación capitalista, representada por Uno, que les cobra alquiler por el lugar, no les permite margen para el ahorro u oportunidad de crecimiento alguna. Siempre la bota del más fuerte ahorca y aplasta al que está en inferioridad de condiciones. Juana, la hermana de Uno, representa a la mujer sin voz ni voto, destinada a reprimir sus deseos femeninos para ser la muñeca del hogar, el adorno de un marido que la tutele, mientras que a Andre, el hermano menor; su nombre afrancesado lo caracteriza como el sensible, que por ese machismo imperante en la época es considerado como él débil, el “mariquita”. Se trata de tipos de subjetividades que la sociedad fabrica y reproduce.

Los juegos que propone Uno lejos están  de la inocencia. Se trata de jugar a la guerra y así la xenofobia y el odio al diferente se expresan claramente sobre Fausto (el hijo el inmigrante italiano que busca refugio en la fábrica huyendo de la posible violencia paterna), a quien toman como prisionero, a quien se encapucha y se ata manteniéndolo secuestrado. Por otra parte, los típicos juegos sexuales infantiles de Uno recaen sobre su hermana, pero se perpetúan en el tiempo, cobrando así el cariz abusivo del incesto. En esta linea en que el juego es metáfora del funcionamiento disarmónico y cruel de la sociedad, donde el sadismo comanda, la obra resuena con películas como La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971) e incluso con Funny Games, de Haneke, 1997. 

Al mismo tiempo, la idea de juego que se lleva a cabo al margen de las reglas que impone la sociedad convencional remite a la línea del teatro como juego de los adultos que hunde sus raíces en la infancia, como reducto y refugio privado, donde se pueden liberar las fantasías y tramitar las pulsiones sexuales y agresivas que la convivencia social exige reprimir. En el reino del teatro están permitidos, porque están tamizados por el artificio teatral, sublimados y puestos al servicio de la finalidad de realizar una aguda critica social.

La escenografía es adecuada y logra transportarnos a la fabrica abandonada, con su polvillo y su poca luminosidad, mientras que el efecto humo crea el clima ominoso, la evocación del lumpenaje que crece al margen de la sociedad en los entornos urbanos de esos tiempos y que tan bien describe en sus obras el escritor Roberto Arlt. Estos elementos de la puesta en escena se acompañan de un elenco consistente y convincente en sus interpretaciones, ya sea desde el tratamiento del lenguaje y la gestualidad propias de la época, como así también desde el verosímil de las escenas de violencia.

El director Nicolas Manasseri planteó en el estreno que “la obra más que dar respuestas, apunta a abrir preguntas”. El final de esta pieza teatral en tres actos evoca a El niño argentino de Mauricio Kartun, aunque acá no se trata de que la clase destinada a la servidumbre del trabajo se rebele contra el rico; sino de un segundo de la misma clase acomodada que suplanta al primero. Nos preguntamos entonces ¿es posible un orden social que desarme la repetición por la cual el segundo de la misma casta dirigente o dominante destrona al primero o que el humilde dominado ocupe el lugar del dominante, para luego revestirse con los mismos semblantes miserables del amo opresor? La obra parece dar la pista de que no alcanza con rebelarse y cambiar los personajes que ocupan los lugares ya determinados en la estructura social. Mas que de revolución, porque la revolución concierne a los planetas y estos vuelven siempre al mismo lugar en su traslación, se trataría de subvertir la estructura misma de funcionamiento del poder para que no quede liberado al capricho ni a las tentaciones de solamente Uno.

Calificación: Muy buena

Puntuación: 4 de 5.

Funciones todos los martes 20.30 hs en ÍTACA COMPLEJO TEATRAL (Humahuaca 4027, CABA) con las entradas a la venta por Alternativa Teatral.

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA:

LibroNicolás Manasseri

Elenco

Brian Sichel 

Pedro Maurizi 

Fernanda Provenzano

Martina Zapico

Victoria Casserly

Pilar Dantin

 Vestuario: La Costurera Teatro

Escenografía: PHEPANDÚ

Diseño de luces: Nicolás Manasseri – Fernanda Provenzano

Diseño gráfico: Mariano Morelli

Asistencia de Dirección y General: Matías Zajic

Asistente de Producción: Leila Assad

Puesta en Escena – Dirección de actores y Dirección General:  Nicolás Manasseri

Producción Ejecutiva: PHEPANDÚ       Producción General: PHEPANDÚ


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