«Fantasía para Iván», de Lucía Collini.
Por Carla Leonardi.
El teatro y la sesión analítica tienen sus afinidades; no por nada Lacan planteó que lo que se juega y recrea en ese espacio con la figura del analista corresponde a la escena dentro de la escena. Y esto lo capta muy bien Lucía Collini en su obra Fantasía para Iván, que es una autoficcion teatral que se construye como una suerte de resumen que se dirige a su analista, Iván, a la espera de encontrar una respuesta.
El prólogo a través de proyecciones de filmaciones familiares caseras sitúa el nudo de su padecer actual, en la infancia. Allí donde siempre queda ubicada en medio de una madre a quien vemos poner orden en la casa, signada por el deber, que se esfuerza en hacer muecas para sonreír, y un padre voyeur, intrusivo, que filma (acá el voyeurismo se juega del lado del público, con la diferencia de que es una mirada consentida por Lucía). Lucía es la niña nerd, de mirada siempre triste, la que no es correspondida en el primer amor infantil por el niño que le gusta; y que hoy acusa el golpe del ghosteo, una trama de desamor que parece signada por las hortensias del jardín de la casa de la infancia.
En escena, Lucía vive en Madrid, intenta insertarse allí como actriz y recibe en pleno agosto tórrido, la noticia de su amiga de que no viaja con ella de vacaciones, pues se va con su chico a Mallorca. Y la vemos detenida en el tiempo de la infancia con un equipo de gimnasia escolar, sumida en la tristeza por este rechazo, que la lleva a permanecer en la cama y a comer ávidamente cereales. Es que el desamor que vive hoy la retrotrae al desamor vivido en la infancia; donde según cuenta y se ve en las proyecciones, fue la madre de su madre, sumida ésta en episodios depresivos; se la ataba cuando incomodaba a sus padres y se le decía duramente: «la puerta está abierta, andate».
Las clases de ballet a las que era llevada en la infancia, buscan transformarse hoy ante la mirada del analista, en un musical glamoroso, escena dentro de la escena, que se construye con el fin de lucir su talento y sus atributos como mujer, pero deviene en un ensayo grotesco, mal ejecutado, producto del malestar que atraviesa Lucía.
Por ser una obra de teatro independiente, el ingenio a la hora de ejecutarla es destacable, pues los momentos de patetismo exagerado que bordean la comedia se construyen con un querer ahogarse en una pelopincho con agua helada; y Alfajor, el gato de Lucía, se reproduce como un auto mecánico que deambula por la escena, llamando su atención, punto éste de viraje que permite a la protagonista tomar cuenta de que reproduce con otros el rechazo sufrido por parte de sus padres.
Hay algo muy cierto en la desamor que oscurece a Lucía y en su demanda de amor, y es que es el amor de un hombre el que hace a una mujer (léase acá hombre como posición de hacer de una mujer la causa de su deseo y no en términos de sexo biológico). Porque el goce femenino requiere de la palabra de amor.
Interesante y divertida es la escena de la introducción del superyó que la insta a levantarse y ofrece otro punto de vista, el de una realidad mas desapegada, desde la cual, y a la luz de otros malestares del mundo, es una minucia y un desperdicio sufrir mientras se está en España y se tiene los privilegios de ser una chica de posición acomodada y rasgos hegemónicos.
La diferencia que produce un viraje en su posición se cifra en un analista que escucha, pero que nunca la habilita a irse de la escena, sino más bien a continuar su relato, punto que habilitará el giro que se da en el final y que el espectador descubrirá.
Fantasía para Iván, es una autoficción construida con las claves de la comedia dramática, que como su título lo indica da cuenta de que el relato de nuestra vida es la ficción que nos construimos a partir de los restos de lo visto y lo oído en la infancia. También nos muestra, con acierto, que no se trata de aquello que nos pasó, sino de qué hacemos con aquello que nos pasó, de cómo torcemos o equivocamos las marcas de origen que nos determinan y congelan en posiciones de padecimiento. Y Lucía sabe muy bien que la ficción y el humor son herramientas privilegiadas para hacer otra cosa con aquello que hicieron de nosotros.
La pieza teatral, como tratamiento del malestar, permite entonces a Lucía abandonar el lugar de la » estrellada» del funesto destino familiar y encontrar su hora de la estrella en el escenario y en la vida. Fantasía para Iván es el lúdico y emotivo testimonio de que se puede hacer otro uso del síntoma, al alinearlo a un cuerpo vivificado por la pasión teatral.
Calificación: Buena.

Ficha técnico artística
Dramaturgia: Lucía Collini
Actúan: Lucía Collini, Macarena Forrester
Diseño de espacio: Lucía Collini, Romina Santorsola
Diseño sonoro: Lautaro Aichenbaum, Tomás Kruse
Audiovisuales: Delfina Lamas
Diseño De Iluminación: Lucía Collini, Belen Rivero
Fotografía: Mercedes Incorvaia, Delfina Lamas
Diseño gráfico: Julieta Obligado
Asistencia general: María Del Rosario Romero, Macarena Forrester, Camila Serra
Asistencia de dirección: Sofía Camerano
Producción: Lucía Collini, Lucia Fernandez Mendez
Dirección: Lucía Collini
Duración: 60 minutos
EL MÉTODO KAIRÓS TEATRO
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