Clandestina, de Natalia Villamil.
Por Carla Leonardi.
Un cuerpo en la inermidad:
La angustia es una señal frente a un peligro, pero muy distinto es el desamparo, el saberse sin recursos, arrojado inerme a la inmensidad del mundo. Esta sensación la refleja muy bien la puesta en escena de Clandestina de Natalia Villamil, pues la joven Marta (Belén Blanco) yace de pie, a la intemperie del campo, fuera del precario rancho que cobija a su familia, en el borde entre la fragilidad y el cuero duro de la piel curtida, para no sucumbir.
Clandestina es la transposición al teatro de la primera parte de Malnacidos (2023), primera novela de la autora, que toma forma de monólogo narrado desde el punto de vista del personaje de Marta. Se trata de una obra que por su temática dialoga con la transposición teatral de Enero (1958) de Sara Gallardo realizada por Analía Fedra García en el 2022, pues en ambas se trata del periplo que vive una joven a partir de un embarazo que surge de una relación sexual no consentida, y en las que las protagonistas no saben bien qué hacer ante esa irrupción o intrusión del miembro fálico en sus cuerpos. Pero si bien el tema reúne a Nefer y a Marta, sus derroteros son diferentes: donde en Gallardo hay un lirismo de la naturaleza que opera como un refugio para su protagonista, en Villamil nos encontramos ante lo descarnado de un cuerpo arrojado al mundo, sin amor y sin recursos simbólicos. Se trata de dos modos de visibilizar y de dar voz a aquellas que por ser mujeres y por ser pobres no la tienen en absoluto.
Al mismo tiempo, el detalle con que se narra una experiencia de cuerpo, con el cuerpo en escena, que se contornea en espasmos de dolor o se rigidiza en la estatuaria de la falta de recursos, debatiéndose entre el filo de la vida y la muerte, acerca a la obra a la experiencia narrada en primera persona por la escritora francesa Annie Ernaux en su novela El acontecimiento (2000), que fue llevada al cine en el 2021 por la directora Audrey Diwan.
Clandestina es el testimonio en primera persona del descenso al infierno que significa para Marta la decisión de abortar eso que vive como un cuerpo extraño en su cuerpo, como un escarabajo, como lo nombra, y por supuesto practicado en clandestinidad (he ahí una primera lectura el título). Desprovista de amor, no puede libidinizar a ese hijo, fantasear con él como una criatura, como sí puede hacerlo su hermana Mari, que es la que tiene cierto recurso y puede abandonar el infierno de vivir en un hogar de mal paridos.
Pero también el título hace referencia a esas vidas al margen de la sociedad, en tanto desecho del sistema capitalista, esas vidas olvidadas por el mundo, reducidas a sobrevivir. De ahí la crudeza de la dramaturgia de Villamil, que tan bien transmite Belén Blanco, en una interpretación inolvidable y digna de aplaudir de pie, porque entrega cuerpo y alma a su personaje.
La obra está concebida con las claves del melodrama, donde el camino del desprecio social que la maldice y el intento de restaurar el orden que va transitando Marta, va acompañado por canciones que interpreta en vivo Guadalupe Otheguy, que van dando cuenta del dolor inenarrable de ese cuerpo desgarrado para siempre. Se trata del personaje incomprendido por la sociedad en su ser de mujer muerta, vacía de la dignidad que otorga el amor; que es socialmente castigado por ofrendar su sexualidad al hombre, ya se trate que lo haga voluntaria o involuntariamente. Esto se ve en el discurso materno que localiza su fuerza “de la cintura para abajo” y en la moral cultural rural que la nombra como “puta ligera”. De ahí que el aborto aparezca como un intento de restaurar el equilibrio, frente a una sociedad que la estigmatiza en tanto madre soltera y frente a su propia dificultad para amar a un hijo. Pero, aun así, se la juzga también por atentar contra el sagrado lugar de la mujer en tanto madre, discurso que encarna la mirada policíaca del médico y la enfermera del hospital. ¿Es que es posible acaso un lugar digno para una mujer arrojada a su suerte en el páramo desértico del desamor social? ¿Es que acaso podría haber hecho otra cosa Marta?
Interesante es el movimiento de la iluminación que acompaña también el calvario del personaje en un arco narrativo que va del rojo sangre de la tragedia, pasa por el verde de cierta pacificación en el retorno inevitable al rancho disfuncional (que es lo único que conoce), y vira finalmente al azul del crepúsculo, que anuncia el cierre de la obra, donde Villamil le regala a su personaje y al público la dimensión de un pequeño rayito de esperanza en el secreto de un sueño posible.
Clandestina es una obra cruda y dura, de una carnalidad desamparada y desesperante, que invita a reflexionar a qué se reduce un cuerpo cuando vive en los márgenes de lo social y también invita a pensar qué es aquello que lo forja e identifica en tanto cuerpo humano. En la época de la tiranía del discurso capitalista que nos reduce a meros consumidores consumidos o a parias que quedan por fuera del estatuto, bien valen las preguntas que Villamil nos invita a transitar, para así volver a recuperar la esencia de lo humano.
Calificación: Excelente

Ficha técnica
Intérprete: Belén Blanco
Música en escena Guadalupe Otheguy Asistencia artística Manon Minetti
Canciones originales y diseño sonoro Guadalupe Otheguy
Diseño de escenografía Rodrigo González Garillo
Diseño de iluminación Matías Sendón
Diseño de vestuario Paola Delgado
Dramaturgia y dirección Natalia Villamil
Coordinación de producción Juliana Ortiz, Anita Co
Producción técnica Pablo Rojas
Coordinación técnica de escenario Alejandro Martínez
Datos de interés
- Funciones: Miércoles a domingos a las 19.30 horas
- Duración: 55 minutos
- Valor de las localidades: Platea $10.000, miércoles $ 6.000
- Dónde: Teatro San Martín, Sala Cunill Cabanellas
- Dirección: Av. Corrientes 1530
- Entradas: Boletería del CTBA

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