VHS: un retrodrama rebobinado, de Nicolás Capristo.
Por Carla Leonardi.
El juego paródico como antídoto:
Un Sergio adulto (Nicolás Capristo) mira por televisión, sentado desde el sillón, quién sabe por cuánta vez, el final de Forrest Gump (Zemeckis, 1994), con el que se emociona. De inmediato advertimos su carácter excéntrico, obsesivo y nerd que ha hecho de la cinefilia, su modo de vida. Se trata del personaje diferente, raro, socialmente incomprendido y a menudo rechazado por el entorno. Casi como el personaje de Desde el jardín (Hal Asby, 1979), su vida se reduce al departamento, en el que se pasea en bata y a ver películas, ya que prácticamente no sale al exterior. El motivo de su aislamiento social es que cuando lo intenta, se ve acechado terriblemente por los fantasmas de sus traumas de la infancia. Se comunica telefónicamente con Gustavo, su terapeuta, quien le indica que salga al parque para poner el foco en otra parte.
Dentro de las abundantes obras de biodrama en cartelera que desde el presente revisitan los recuerdos de la infancia de los protagonistas, que marcaron sus vidas y retornan en repeticiones que los limitan y hacen sufrir, VHS con dramaturgia e interpretación de Nicolás Capristo, bajo la dirección de Tomás Soko, es un grato hallazgo que se destaca por su originalidad.
Por empezar, si bien el relato va del presente al pasado, la ambientación en la puesta en escena (teléfono de línea, televisor de caja, videos en vhs, muñecos, las referencias cinéfilas en juego), remite directamente al pasado, a fines de los años ochenta-principios de los noventa, donde se da la infancia de Sergio.
Los acontecimientos traumáticos de la infancia que retornan en el presente, se suceden al modo de lo onírico, cuasi-alucinado y adoptan un tono sombrío, que nunca desdeña el humor. Si el pasado es aquello que regresa de modo pesadillesco y fantasmal, el abordaje que realiza Nicolás Capristo del trauma desde la parodia del género de terror o la comedy horror, es uno de los grandes aciertos de la obra, ya que le da personalidad e identidad, en medio del mar de la repetición de lo mismo en otras piezas de la cartelera.
En este punto, también quiero destacar que, pese a que el protagonista maldice a Freud en escena, hay una buena lectura de lo que es el trauma. No basta con que un suceso sea doloroso per se para que sea traumático, ya que se requieren al menos dos escenas para que un acontecimiento obtenga el estatuto de trauma. Y vemos plenamente que es la segunda escena, situada a los 15 años, en su declaración de amor hacia Dora, aquella que actualiza y otorga el carácter traumático a la vivida en sala de 3 en la clase de plástica con el compañerito perteneciente a la familia influyente del colegio, arruinando las ilusiones del pequeño Sergio.
El paralelo entre el cine y la memoria, también es acertado. Efectivamente, nuestros recuerdos son ficciones construidas a partir de los restos de visto y lo oído, que adquieren un carácter de escena, que puede ser narrada como una película en una sesión analítica e incluso puesta en escena en el espacio teatral, puntuando su dimensión de artificio, de onírica pesadilla, de exageración hilarante, tanto desde el abordaje por el género como en la interpretación cuasi caricaturesca.
Especial interés logra la escena en que los límites entre ficción y realidad se pierden para Sergio con un logrado efecto siniestro, cuando lo visto por él en la tele comienza a atravesar la pantalla para interpelarlo superyoicamente.
Otro detalle interesante es el uso de la música, que no sólo marca el clima de cada escena, sino que se ajusta sincrónicamente a los movimientos de Sergio en escena, produciendo el efecto poético del cuerpo etéreo y a la vez torturado en una suerte de danza.
En VHS: un retrodrama rebobinado no sólo asistimos al exorcismo liberador que realiza Sergio de sus demonios del pasado, sino, ante todo, a una obra donde se respira infancia. Porque Capristo, con su lograda interpretación y dramaturgia, nos transmite que sabe que el juego y el humor son las mejores herramientas con las que contamos para derrotar nuestras peores pesadillas internas. De ese modo, nos insta como espectadores con entusiasmo, en estos tiempos oscuros, a no perder nuestra capacidad de reírnos y de jugar.
Calificación: Muy buena.

Ficha técnico artística.
Idea: Nicolás Capristo.
Dramaturgia: Nicolás Capristo.
Intérpretes: Nicolás Capristo.
Diseño de vestuario: Milagros Gallo.
Diseño de escenografía: Lina Boselli.
Diseño Audiovisual: Julián Gotkin.
Redes Sociales: Natalia Mansueto.
Interpretación Musical: Malena Caporaletti.
Operación de sonido: Nicole Wejcman.
Diseño De Iluminación: Mariano Basile.
Fotografía: Enzo Cejas, Florencia Fernandez.
Diseño gráfico: Paula Aguirre, Maia Alzugaray.
Asesoramiento dramatúrgico: Diego Mauriño.
Asesoramiento En Manipulación De Objetos: Mariano Basile.
Asistencia De Producción: Leila Barenboin.
Asistencia general: Nicole Wejcman.
Prensa: Mutuverriapr.
Producción: Pamela Melina Juri Dayan.
Colaboración en dramaturgia: Tomás Soko.
Puesta en escena: Diego Mauriño.
Dirección: Tomás Soko.
Composición Musical: Malena Caporaletti.
Datos de interés.
Duración: 65 minutos
BECKETT TEATRO
Guardia Vieja 3556.
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 4867- 5185
Web: http://teatrobeckett.com/
Entrada: $ 8.000,00 – Sábado – 21:00 hs – Hasta el 19/10/2024

Deja un comentario