Puntera de acero, de David Gow, traducción de Ivan Steinhardt.

Por Carla Leonardi.

Dos monólogos que se dirigen al público presentan a los personajes. De un lado del escenario, Daniela (Romina Pinto), una abogada progre con ascendencia judía que vive junto a su esposo en el barrio de Once, la babel contemporánea por su multiculturalidad. Del otro extremo, Miguel (Ivan Steinhardt), miembro de un movimiento supremacista blanco, que cuenta las bondades de las botas que usa con puntera de acero, un arma escondida. Estas dos líneas narrativas paralelas se cruzan en el centro del escenario que simula la cárcel. Miguel se encuentra detenido a la espera del juicio, y Daniela resulta ser la abogada designada de oficio. 

Miguel mató de varias patadas a un ciudadano de origen boliviano. El crimen fue brutal según comentan los medios masivos en off, previo al encuentro entre ambos protagonistas en el penal. Para Daniela se plantea la contradicción de defender a alguien que bien podría haber asesinado a sus antepasados y a ella misma sin titubear, además de las chicanas sobradoras que recibe por ser mujer. Su ética profesional está por encima del odio personal que le genera su defendido, quien merece una defensa legítima. Decide tomar el caso como un desafío. La carátula del crimen de Miguel es asesinato por odio racial y religioso, a la cual corresponde condena perpetua. Dada la presión mediática, su prestigio ante  sus colegas y amigas está en juego. Por ello, con valentía, impone las reglas de juego a su defendido: que lea el expediente completo y extraiga de ahí un argumento válido para defenderlo que despegue su crimen del racismo, para así armar una defensa tendiente a cambiar la carátula a homicidio simple.

Pasan los meses, las entrevistas y nada. La defensa está estancada. Miguel continúa justificando su crimen por su estado de intoxicación alcohólica y su odio xenófo contra aquel miserable que le quitaba trabajo a él y a los suyos. No muestra ningún signo de arrepentimiento. El quiebre emocional, y de la trama, llega luego de que Miguel lee el testimonio de la víctima antes de morir.

Llegado el momento del juicio, los dos intérpretes dirigen sus monólogos al público, interpelando desde cada una de sus posturas. Puntera de acero, dirigida por Carlos Kaspar, es la adaptación dramatúrgica de la obra Cherry docs (1998) del canadiense David Gow. La trasposición a la idiosincrasia local está bien ejecutada e impresiona que, habiendo sido escrita en 1998,  resulte sumamente actual dado el recrudecimiento de los neofacismos a nivel global. Se trata de una obra que acierta en su lectura de la segregación y la exclusión social como antesala del odio al diferente, a ese otro en el que se deposita la causa del mal, desconociendo que el mal está, en realidad, en el interior de uno mismo. Es el malestar de sentirse fuera del sistema y sin posibilidad de construir futuro, propio de muchos jóvenes, lo que los movimientos neofacistas aprovechan para entrar y vender su discurso de la superioridad como revancha. 

Puntera de acero se destaca por el uso del sonido para crear climas emocionales opresivos y, fundamentalmente, por las convincentes interpretaciones de la pareja protagónica que hacen sentir a flor de piel sus dilemas, sus frustraciones, incluso su odio contenido hacia aquel semejante al otro lado del escritorio, que funciona como espejo de cada uno. Es, además, una obra que permite pensar el surgimiento de las extremas derechas en el presente, que invita a la reflexión del espectador sobre la cuestión de la segregación y el odio, y que lo conmina a no quedar pasivo en la construcción de una sociedad donde haya lugar para la inclusión y la ternura.

MUY BUENA

Puntuación: 4 de 5.

Autoría: David Gow. Traducción y adaptación: Iván Steinhardt. Dirección: Carlos Kaspar. Actúan: Romina Pinto e Iván Steinhardt.

MIÉRCOLES A LAS 20.30 HORAS. Teatro El Tinglado – Mario Bravo 948 – CABA

Entradas por Alternativa teatral.


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