Hijo mayor, de Cecilia Kang.
Por Carla Leonardi.
El paso del documental, en general más austero, a la ficción —que implica mayor complejidad narrativa y de producción— puede resultar para un director todo un desafío; un salto de fe cuyos efectos y resultados pocas veces pueden calcularse. En este caso, es la directora argentina Cecilia Kang (Mi último fracaso, 2017; Partió de mí un barco llevándome, 2023) quien realiza dicho pasaje en Hijo Mayor (2025), película en la cual demuestra que es capaz de asumir riesgos y, al mismo tiempo, conservar su identidad autoral en relación con el retrato y la memoria de su comunidad de origen.
La película puede dividirse en tres partes, aunque eso (por suerte) no está explicitado. Cada una de ellas trabaja con diferentes estéticas cinematográficas.
En la primera, seguimos a Lila (Anita B. Queen), una joven que viaja junto a Antonio (Chang Sung Kim) a un recreo en la provincia para pasar, junto a él y sus amigos, un fin de semana de pesca. Allí, Lila es testigo de sus borracheras con soju, de sus juegos de cartas típicos y de sus conversaciones, donde se despliega la nostalgia por la tierra que se dejó, por los familiares que no están y los pesares del pasado. Estas escenas de realismo costumbrista evocan el estilo de Hong Sang-soo en cuanto al uso de una cámara que registra orgánicamente la conversación, sin operar cortes, transmitiendo espontaneidad. Por otro lado, la parquedad y seriedad del padre contrastan con la vivacidad de Lila, quien transita el momento de su vida en el que se juega la definición de su identidad. En esta parte, resulta también interesante la marcación de la invisibilización de la comunidad coreana como parte de la sociedad argentina.

La segunda puede leerse como un flashback a la juventud de Antonio (Sang Bin Suh) en Paraguay, donde recala luego de dedicarse a viajar tras haber abandonado a su mujer y su pequeña hija. Aquí, desde un dispositivo que hibrida el tono del neo-noir y el melodrama, el espectador asiste a los fracasados sueños de inmigrante —manejando un restaurante de comida internacional— y a su paulatina degradación intentando hacer dinero para entrar a una suerte de pandilla gansteril. Se trata del ascenso y caída de la épica del sueño del inmigrante; se marca aquí un tono profundamente melancólico desde la construcción de la trama y el desenlace.
Kang introduce en la tercera parte la dimensión del documental biográfico, que se despliega de la mano de sus propios padres, ya ancianos en el presente. Se destaca el trabajo sobre el acervo fotográfico familiar como modo de preservar y, a la vez, de construir la memoria, que al pasar al relato no puede sino crear, indefectiblemente, una narrativa de ficción. Se trata del cruce entre el documento y la ficción, de sus diferencias, pero también de sus afinidades, pues el documento fotográfico como registro tampoco es la realidad misma. Por lo tanto, toda realidad tiene estructura de ficción: es el único modo de hacer pasar una verdad subjetiva y de colectivizarla. Y esto lo traduce con acierto Cecilia Kang en su Hijo Mayor.

Por otra parte, si nos detenemos en el título, encontramos varias resonancias. Por un lado, el peso mortificante que tiene para Antonio ser el primogénito, al cargar con el mandato de ser el sostén de la familia, lo cual permite una lectura diferente de sus «irresponsabilidades» de juventud. Además, puede leerse con las claves del coming of age, donde Antonio, habiéndose perdido, ahora puede reencontrarse. La pérdida puede volverse la ganancia de un crecimiento: el paso de dejar de ser «hijo» para posicionarse como «mayor» y nacer como un padre de familia. Y, por último, incluso el título puede leerse como el punto de maduración de la directora, al permitirse explorar nuevos registros narrativos, coquetear con géneros y hasta operar pequeños quiebres del realismo.
Hijo Mayor no es solo una película interesante desde las formas, donde el recurso a la ficción permite trasladar la historia personal de una familia migrante coreana al registro de lo universalizable. Es, ante todo, una película construida con una mirada sensible que convoca emociones. En definitiva, es un sentido homenaje a la memoria y a la identidad de los migrantes que nos precedieron y nos permitieron ser quienes hoy somos en este crisol de etnias que es la Argentina. Por ello, en estos tiempos difíciles en que retorna una mirada del otro como amenaza, la película es una hermosa posibilidad de encontrarnos en y con el otro.
MUY BUENA
En cartelera del MALBA.
Instagram de la película: https://www.instagram.com/hijomayorfilm/
Ficha técnica
Dirección y guion: Cecilia Kang.
Productor: Juan Pablo Miller (Tarea Fina).
Coproductoras: Louise Bellicaud, Claire Charles-Gervais (In Vivo Films).
Productores Ejecutivos: Juan Pablo Miller, Louise Bellicaud, Claire Charles-Gervais.
Yon Chul Jung.
Directora de Producción: Mariana Ponisio.
Jefe de Producción: Nicolás Giorgis.
Jefe de Locaciones: Javier Parodi.
Asistente de Dirección: Federico Rodríguez Seveso.
Directores de Casting: Lucía Benavente, Mateo Milione.
Fotografía y Cámara: Victoria Pereda.
Montaje: Lorena Moriconi.
Dirección de Arte: Lucas Koziarski.
Productora: Tarea Fina.
Coproductora : In Vivo Films.
Productoras Asociadas: PAN Contenidos, Incantation Films.
Elenco principal: Kim Chang Sun, Suh Sang Bin, Anita B Queen.
Argentina, 2025. 118′

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