Hamlet…de Patagones, de Analía Tarrío Lemos.
Por Carla Leonardi y Manuel Germano.
La escenografía y una puesta en escena austera, pero adecuada, nos sitúan en una escuela en los confines de la Patagonia. Allí, el secretario y la directora conversan sobre los preparativos para recibir a un alumno extranjero como parte de un programa de intercambio y expresan preocupación por la demora en su llegada, pues sopla el viento proveniente de la isla de los espíritus de los antiguos, que presagia desgracias, a la par que las comunicaciones se hallan interrumpidas por la nevada.
El alumno foráneo se presenta como Hamlet, proveniente de Elsinor, Dinamarca. Al mismo tiempo retorna el alumno representante de lo oriundo, que no ha llegado a Dinamarca sino hasta Catamarca, por supuestos errores mecanográficos de la máquina de escribir del secretario.
De esta manera, partiendo del clásico Hamlet de Shakespeare, Analía Tarrío Lemos, dramaturga y directora, escribe un texto que toma algunas referencias, pero se aparta del original, siguiendo su propio derrotero al situarlo en los páramos patagónicos y a fines del siglo 19, en los albores de la conformación del Estado-nación, luego de la conquista del desierto. El tópico de la intriga palaciega se despliega entonces en las suspicaces sospechas que el secretario alberga sobre Hamlet, debido a su incompleto legajo, el cual le hace guiño al personaje shakesperiano en lo que respecta a sus progenitores. Por lo tanto, pergeña un plan para desenmascarar las intenciones del extraño, utilizando como espía y secuaz a su hijo, el alumno “morocho”, “tostado” o “carbón”, como se lo llama a lo largo de la obra, y a su hija Ofelia, que es maestra, como carnada seductora que lo haga hablar, pues entre ella y el danés pareciera haber una conexión. Así, el malentendido propio de llevar lo metafórico a lo literal, y la ambición de poder del desquiciado inspector escolar que codicia escalar en la jerarquía, desencajado por las varias tazas de café que ingiere, acompañado por una directora de escuela que solo desea jubilarse, terminan por configurar un plan de adoctrinamiento patriótico compulsivo respecto de Hamlet. ¿Se pueden acaso borrar totalmente las marcas de los orígenes identitarios?

La obra, llevada adelante en clave de tragedia hibridada, con elementos de la comedia física, la pantomima, la parodia, el barroquismo del género y del costumbrismo cultural, toca cuestiones como la difusa línea entre civilización y barbarie (el extranjero representa la civilización y el nativo la barbarie, con los pies descalzos y actitudes algo primitivas), la educación como práctica de adoctrinamiento de (parte) de la cultura autóctona, la ceguera de creerse autónomo cuando en realidad se es siervo de insignias culturales o imperativos de consumo que no son propios, la vana ilusión de que un supuesto mesías extranjero pueda liberar a los oprimidos de los opresores descendientes de los colonizadores europeos. En suma, la obra habla de la historia de nuestro país, de sus atolladeros en tanto territorio subdesarrollado y económicamente dependiente del imperio, e incluso resuena en el presente con las luchas que continúan manteniendo los pueblos originarios por su reconocimiento soberano y con la dependencia económica de capitales transnacionales, que lo hunden cada vez más, justamente en tierras patagónicas.
En lo que respecta a la dirección de actores, las interpretaciones resultan desparejas en el tono, siendo exageradamente declamatorias algunas y realistas otras. Asimismo, la obra se presenta demasiado anclada en una temporalidad que la vuelve un tanto anticuada. Una reescritura y puesta en escena más anclada en el presente, hubiese permitido potenciar las interesantes temáticas que toca el texto y hacerlo resonar de manera directa al espectador. Por momentos la obra plantea escenas redundantes y apagones intermedios para modificar la escenografía, que extienden la duración de la pieza por demás. Con todo, se valoran las intenciones de poner en el tapete el trillado slogan de la “argentinidad” y de poder interrogar de qué hablamos cuando decimos «identidad nacional», más aún en el contexto presente en que se libra la llamada «batalla cultural».
Calificación: Buena.

La obra fue seleccionada para participar del Festival Shakespeare 2025 y podrá verse desde el sábado 5 de abril, todos los sábados de abril y mayo a las 20.30h.
Funciones: sábados a las 20.30hs
Entradas: $15.000 / Dto a estud y jub
Dónde: Complejo Teatral Ítaca
Dirección: Humahuaca 4027, CABA
IG: @hamletdepatagones
Duración: 105 minutos

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