Otra comunidad, de Ivan Haidar.
Hay distintas maneras de hacer comunidad, y en este presente que apunta al aislamiento y al individualismo, no deja de ser un gesto político el que propone Ivan Haidar, performer, coreógrafo y director argentino, porque claramente concierne a los cuerpos en movimiento.
Otra comunidad, su última propuesta, se mueve entre la danza y el experimento, introduciendo cuerpos que son interceptados o impactados por la tecnología del mapping y de la música electrónica. Así, danza y música se crean, y re-crean, cada vez. Se trata entonces de una pieza artística donde los bailarines no son meros intérpretes de una obra concebida de manera acabada previamente, sino que son co-creadores activos del paisaje visual y sonoro que se presenta frente a los ojos del espectador.
Los cuerpos desnudos crean formas caleidoscópicas delante de una pantalla blanca y siempre están en contacto o interactúan entre sí, al mismo tiempo que lo hacen con su doble en tanto sombra o con el doble espectral que vuelve desde el pasado mediante el mapping que se proyecta, punto que da cuenta con lucidez de esa escisión propia del sujeto contemporáneo, tironeado entre el cuerpo virtual/digital y el cuerpo presencial.
De esta manera, los bailarines en este interjuego de capas de cuerpos, convocan al espectador a dejarse llevar por el paisaje que se forma frente a él, y que bien puede figurar imágenes como la de animales moviéndose en la naturaleza, la de una pirámide humana que puede oficiar como puente, la de la fusión dionisíaca de la carnalidad de la que proviene la danza, las del puro juego placentero o la de imposibilidad para el varón de atrapar posesivamente a una mujer, precisamente evanescente en tanto otredad.
Somos testigos entonces de una comunidad que crea en conjunto una cartografía poética de los cuerpos, a contramano de la alienación individual en los objetos de consumo o como objeto mercancía que impone el mercado. He ahí toda la potencia simbólica y política de Otra comunidad. Propone al espectador la alternativa de suspender el movimiento frenético de su vida cotidiana para dejarse tomar por el paisaje corpóreo que se crea ante sus ojos y también porque es una sutil invitación a dejar las pantallas y a poner el cuerpo de otra manera, a disponerlo para el movimiento, precisamente para crear otra comunidad: acaso una más más abierta a la sorpresa de lo que se puede llegar a ser en el encuentro lúdico con la voluptuosa carnalidad de otros cuerpos sexuados.
Calificación: Buena

Ficha técnico artística
Bárbara Alonso, Constanza Copello, Julián Dubié, Josefina Imfeld, Julián Merlo, Mauro Pierotti, María Eugenia Roces, Flor Sanchez Elía, Victoria Delfina Serra
Guillermo Vega Fischer
Ivan Haidar

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