Leviticus, de Adrian Chiarella.
Por Fabio Albornoz.
Presentada como una de las revelaciones recientes del terror australiano, Leviticus: Ritual de sangre marca el debut en la dirección de largometrajes de Adrian Chiarella.
La película se inscribe dentro de una tradición australiana que, en los últimos años, encontró en el género un terreno fértil para hablar de trauma, identidad, duelo y cuerpos en crisis. Desde The Babadook hasta Talk to Me y Bring Her Back, el terror australiano viene demostrando una notable capacidad para trabajar lo íntimo desde lo perturbador.
En este caso, la historia sigue a Naim y Ryan, dos adolescentes atravesados por el deseo, la culpa y la represión dentro de una comunidad religiosa conservadora donde la homosexualidad es entendida como pecado, desviación o amenaza. En ese contexto, la película introduce un elemento sobrenatural muy potente: una presencia violenta que adopta la forma de aquello que sus protagonistas más desean. El horror, entonces, no aparece solamente como una amenaza externa, sino como una manifestación física del miedo, la vergüenza y la violencia que rodean al deseo reprimido.

Hay una gran película escondida dentro de Leviticus, pero da la sensación de que el guion debería haber sido trabajado durante más tiempo, a través de sucesivas reescrituras. La influencia de It Follows es tan evidente que la película nunca termina de encontrar una identidad propia. Si bien tomar referencias no es un problema, Leviticus parece preocuparse demasiado por la película que quiere ser y no por la que podría haber sido.
La premisa es potente: convertir la terapia de conversión, la represión del deseo y la culpa religiosa en una amenaza sobrenatural que adopta la forma de aquello que más se desea. Pero el resultado no siempre encuentra la forma cinematográfica necesaria para estar a la altura de esa idea.

El problema principal es que rara vez construye imágenes verdaderamente inquietantes. La dirección resulta más funcional que expresiva; las atmósferas no terminan de volverse memorables y el relato cae en una monotonía que le quita fuerza a su propio concepto. Esto no significa que Leviticus carezca de interés; al contrario, su manera de pensar el deseo como una experiencia atravesada por el miedo, la vergüenza y la violencia le otorga una identidad temática muy clara.
Quizás no sea la gran película que su premisa prometía, pero sí una ópera prima atendible, con ideas poderosas y una sensibilidad interesante. Una película imperfecta, algo plana en su ejecución, pero más que bienvenida dentro de un panorama del terror australiano que sigue ofreciendo señales de vida, riesgo y búsqueda.
Calificación: Buena.
FICHA TÉCNICA
Título Original: Leviticus
País: Australia
Idioma: Inglés
Versiones: Dobladas y subtituladas al español
Duración: 88 minutos
Género: Horror Psicológico
Año: 2026
Dirección: Adrian Chiarella
Reparto: Joe Bird, Stacey Klausen, Mia Wasikowska

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