Teenage Sex and Death at Camp Miasma, de Jane Schoenbrun.

Por Fabio Albornoz (@fabioalbornoz14)

Hay algo profundamente irritante en una película que se acerca a un género popular no para conversar con él, sino para explicarle todo lo que estaba haciendo mal. Definitivamente el cine de Jane Schoenbrun no es para mí. No termino de conectar ni con sus ideas ni, sobre todo, con la manera en que decide abordarlas. Desde We’re All Going to the World’s Fair existe en su cine una sensación que en esta película alcanza, quizás, su máxima expresión: Schoenbrun parece colocarse siempre un escalón por encima del género sobre el que está trabajando.

Teenage Sex and Death at Camp Miasma parte de una idea bastante atractiva. La película utiliza el slasher y su imaginario para construir una fantasía metacinematográfica alrededor de una saga ficticia, revisando desde ahí la sexualidad del género, su relación con los cuerpos femeninos, sus lugares comunes y la manera en que determinadas imágenes del terror son reinterpretadas con el paso del tiempo. Y durante un rato funciona.

Su dispositivo meta tiene gracia y resulta estimulante ver una película de terror interrogando sus propios mecanismos. Después de todo, el género siempre se alimentó de revisar, deformar y hasta burlarse de sí mismo.
El problema aparece cuando la revisión empieza a confundirse con condescendencia. Schoenbrun no parece interesada simplemente en desmontar el slasher, sino en construir una versión grotesca y bastante conveniente para después poder superarla. El asesino lleva una máscara deliberadamente absurda; las muertes son exageradísimas -con una utilización de sangre digital particularmente desconcertante- y su estética tiene poco que ver con la de un slasher de comienzos de los 80. Incluso su fantástico y lujoso diseño de producción, probablemente uno de los grandes atractivos de la película, juega en otra dirección. Los colores exuberantes, los decorados deliberadamente artificiales y esos fondos que parecen construidos en un estudio remiten mucho más al artificio de cierto viejo Hollywood en Technicolor que al universo cinematográfico que supuestamente está evocando.

Y entonces aparece una pregunta que me acompañó durante buena parte de la película: ¿para quién está hecho todo esto? Porque Camp Miasma definitivamente no es un slasher. Es un comentario sobre él, una fantasía metacinematográfica, una comedia que nunca termina de comprometerse con la comedia y, por momentos, casi una tesis sobre sexualidad, representación queer y las culpas contemporáneas alrededor de determinadas formas del cine popular.

El problema no está en ninguna de esas discusiones. Está en que las ideas terminan devorándose a la película. Es un slasher comido por las palabras en lugar de por las acciones. Empieza de manera interesante, pero progresivamente pierde cohesión porque nunca termina de quedar claro
qué clase de película quiere ser. Y esa indefinición acaba desgastando incluso varias de sus mejores ideas.

Lo curioso es que el slasher no necesitó esperar hasta 2026 para cuestionarse a sí mismo: En 1982, The Slumber Party Massacre, dirigida por Amy Holden Jones y escrita originalmente por Rita Mae Brown como una parodia del género, ya podía burlarse de sus tropos, discutir la representación femenina, satirizar su relación con el sexo y convertir el
gigantesco taladro de su asesino en un chiste fálico nada sutil. Podía ser feminista, irreverente, autoconsciente y absurda sin dejar de entender nunca algo elemental: antes que todas esas cosas seguía siendo una película de terror.

Ahí está mi distancia fundamental con Camp Miasma. No necesito que el terror deje de cuestionarse, todo lo contrario. Pero cada vez me interesa
menos ese cine contemporáneo que utiliza las posibilidades, la iconografía y hasta el atractivo del género para después observarlo desde una supuesta superioridad intelectual, como si abrazarlo realmente implicara alguna clase de derrota.


Quizás simplemente este cine no sea para mí. Schoenbrun tiene ideas, personalidad visual y una absoluta convicción sobre aquello que quiere discutir. Lo que cada vez tengo menos claro es si a su cine le interesa el terror tanto como le interesa hablar sobre él.

Puntuación: 2 de 5.

Estreno 18/8 en salas

Ficha técnico-artística.

  • Título original: Teenage Sex and Death at Camp Miasma
  • Título en español: Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma
  • Año: 2026
  • Duración: 112 minutos
  • País: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido
  • Género: Terror, Slasher, Comedia negra, Drama psicológico [1, 2, 3, 4, 5]

Equipo Técnico

  • Dirección: Jane Schoenbrun
  • Guion: Jane Schoenbrun
  • Producción: Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Brad Pitt, Daniel Bekerman
  • Música: Alex G
  • Fotografía: Eric Yue (filmada en celuloide de 35 mm)
  • Montaje: Graham Mason
  • Diseño de producción: Matt Hyland, Brandon Tonner-Connolly
  • Compañías productoras: MUBI, Plan B Entertainment, Scythia Films
  • Distribución: MUBI

Elenco Principal

  • Hannah Einbinder como Kris Williams
  • Gillian Anderson como Billy Presley
  • Jack Haven como Little Death
  • Patrick Fischler como Rudolph
  • Zach Cherry como Will
  • Sarah Sherman como la agente de Kris
  • Dylan Baker como Jeffrey
  • Jasmin Savoy Brown como Mari

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