Todo suena falso: Desmontaje del artificio desde las claves del terror

Escribe Carla Leaonardi

La premisa de la que parte Todo suena falso, unipersonal de Mijal Katzowicz, es una escena que se repite con variaciones y desde diferentes puntos de vista, y de esta manera da cuenta de la construcción de la ficción como un artificio que se produce con el aporte
de los distintos elementos de la puesta en escena.

Una mujer en deshabillé se despierta inquieta en un sofá. El mobiliario que la rodea nos sitúa en una casa a comienzos del siglo XX. Las luces comienzan a fallar, llama por teléfono a su madre para que venga a rescatarla a la casa de campo, pero la presencia ya está sobre ella, que hace intentos por defenderse de una extraña intrusión. Esta primera escena nos sumerge como espectadores en la esencia del teatro: el cuerpo del actor. Así, Todo suena falso se configura como una propuesta de teatro físico, que se nutre de elementos de la danza, de la comedia física y del cine de terror, para sostener una narrativa corpórea, desplazando a la palabra como centro de la propuesta.

Las variaciones de la escena inicial son la proyección grabada de la escena que vimos, sobre la cual la dobladora produce en vivo los sonidos, y luego la misma escena es representada, acomodando el cuerpo al sonido escénico. Seguidamente vemos la filmación y la representación simultanea desde el punto de vista de la víctima, y por último, la escena
desde el punto de vista del monstruo victimario.

La originalidad de esta propuesta, que plasma el teatro como artificio y como experiencia más que como representación de una realidad, reside en la hibridación entre el terror, la comedia y la danza, poco habitual en la cartelera teatral. El efecto del terror y lo macabro, no nos es ahorrado, pero está muy bien balanceado por la comedia y, al mismo tiempo, la danza está muy bien empleada, al servicio de dar cuenta de la dimensión de ajenidad del cuerpo, de un cuerpo empujado por las fuerzas de la otredad, rayano a la locura extática. Al no plasmar un sentido directo desde el texto, otra de las virtudes de Todo suena falso es abrirse a la multiplicidad de lecturas posibles: ensayo sobre el oficio teatral como cuerpo que habita diferentes personajes, historia de un psico-killer fascinado con una actriz del cine de terror o la de una mujer que se devora a sí misma en la obsesión por las películas de terror, algo así como cuando el personaje termina fagocitando al propio
actor en la voluptuosidad del ejercicio teatral, o incluso un homenaje al
cine clásico de terror.

En Todo suena falso somos testigos del artificio desde la primera escena, pero si el artificio funciona es gracias al único punto de verdad en la escena teatral, que es precisamente el cuerpo de Mijal Katzowicz. Es la prodigiosa ductilidad de Mijal para desdoblarse, para contonearse y deformarse al ritmo del sonido y de la música, incluso para desajustarse a ellos, la que consigue realmente producir miedo, asco y también arrancarle algunas risas de alivio al espectador. La obra en sus manos resulta una interesante reflexión sobre el teatro y sobre la otredad desconocida al servicio de lo teatral, y como espectadores quedamos con ganas de que nos cuenten una más de terror.

MUY BUENA


Ficha técnico-artística:

Intérprete: Mijal Katzowicz.

Diseño sonoro: Erico Schick.

Realización audiovisual: Guillermo Saredo.

Asesoramiento dramatúrgico: Ivan Haidar.

Coreografía: Barbara Alonso, Mijal Katzowicz.

Dirección: Mijal Katzowicz.

SALA PLANTA INCLÁN

Dirección: Inclán 2661, Parque Patricios, CABA

Funciones: Domingos 20hs.

Última función: domingo 18/10.

Duración: 43 minutos.


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