La distancia infinita, los domingos en el Cultural Moran
Escribe Carla Leonardi (IG @carla.leonardi1)
El inicio de la obra nos presenta la proyección de dos sombras, sobre una tela blanca que oficia de telón; representan las voces de dos mujeres que detrás de ese velo recitan en inglés un poema de Anne Carson, perteneciente a su libro La belleza del marido. Aquí eso que se escucha en otra lengua funciona como una suerte de discusión, por el ritmo de palabras breves, hirientes como cuchilladas, y se va relacionando con aquello que las sombras proyectadas dibujan: las dos figuras separadas o por momentos fusionadas como si una fagocitara a la otra.
Este prólogo es interesante como presentación de La distancia infinita, con dramaturgia conjunta de Sonia Stigliano (además directora de la pieza), Débora Nishimoto y Ernestina Gatti (ambas protagonistas), ya que retroactivamente puede leerse como subtexto que atraviesa el vínculo entre estas dos mujeres que en apariencia se presentan luego como dos traductoras, que tras varios años de no frecuentarse, se reencuentran para trabajar en una nueva traducción al castellano del mencionado poema de la reciente premio Nobel Anne Carson.
Primer acierto de esta pequeña pero potente pieza teatral entonces: que el poema mismo opere como metaficción teatral, ya que funciona de
manera alusiva dando cuenta de una multiplicidad de sentidos.
Así en una primera lectura, la obra habla del acto de traducir en sí mismo. ¿Qué es acaso traducir? ¿Dominar el lenguaje para qué diga lo que queremos decir o abandonarse al goce de su sonoridad creadora? ¿Es acaso ser fiel o traicionar al original? Pero también podemos decir que el poema de Carson funciona como el susurro de aquello no dicho entre ambas traductoras, que el que espectador puede pesquisar. ¿qué
determinó la distancia entre ambas mujeres? ¿fue un simple malentendido laboral? ¿o acaso se trató de un dolor más íntimo? Se trata aquí de la dimensión que toma el bello y poético título de la obra: La distancia infinita, que hace referencia al libro que la joven traductora ha escrito durante la separación entre ambas. Se da cuenta así de esa brecha incolmable del «entre dos», de aquello que va más allá, de lo que no se ha dicho, pues se trata en verdad de lo que no puede traducirse en palabras, de la diferencia insalvable y estructural por la cual dos hablantes, incluso dos amantes, nunca van a poder hacer un uno completo y complementario.
Por otro lado, y tratándose del poema como un duelo verbal, el segundo acierto de La distancia infinita es el logrado juego de contraste entre las dos protagonistas que con sus interpretaciones, fluyen de manera orgánica y consiguen dar soporte a este drama narrado con las claves de la comedia. Así tenemos por un lado a Bora (Débora Nishimoto), la traductora más reconocida, estricta, absorbente y totalmente
ensimismada en su trabajo, y a Leo (Ernestina Gatti), una joven que oficia como su asistente, que además de su trabajo, tiene una vida propia por fuera de ese departamento en el que se reúnen para traducir. La intertextualidad cinematográfica de las películas favoritas de cada una, las pinta cabalmente de un solo trazo: mientras que Leo es Sex and the City, Bora es Lost in Translation. Así control y libertad, vivir o
marchitarse, plantean también no sólo dos modos de vida, sino dos maneras de relacionarse con el lenguaje como casa del ser.
Además, hay un buen uso del vestuario y la escenografía, acompañando el carácter de los personajes: Bora viste siempre igual, como si portara un uniforme y su planta se está marchitando sin que su atención se dirija a otra cosa que no sea el trabajo. En cambio, Leo va cambiando de vestimenta con cada entrada, reflejo de otra cosa en su vida, más
allá de la traducción y de Bora. Otro punto interesante de la obra es apelar a cierta dimensión de lo fantástico, a través de lo cual se cuela algo de lo no dicho entre ambas, ya sea bajo el modo de la fantasía, del musical o del sueño; acaso eliminar a esa otra posesiva y recuperar la libertad del lado de Leo, acaso reiniciar la vida después del desamor o incluso escapar a una vida juntas del lado de Bora.
Si La distancia infinita funciona como pieza teatral es porque sostenidos en la solidez de su dramaturgia, el resto de los elementos fluyen con ritmo, con frescura y con gracia. La obra es, entonces, una pequeña gran apuesta que no sólo logra trenzar el poema de Carson con los diálogos de las protagonistas, sino que, al apoyarse en lo alusivo, en lo
tácito, en toda la resonancia de un silencio, consigue dar un paso más: habilitar la ambigüedad de un más allá del sentido común en la relación entre estas dos mujeres. Es allí, en la libertad de que el texto no cierre imponiendo un sentido único, sino en su apertura, que forma y contenido se amalgaman, y la obra encuentra la belleza, la sutileza y la agudeza dignas de un poema inolvidable.
MUY BUENA

Ficha técnico/ artística
Dramaturgia: Sonia Stigliano, Débora Nishimoto y Ernestina Gatti.
Elenco: Ernestina Gatti y Debora Nishimoto.
Dirección: Sonia Stigliano.
Dirección de arte: Lucas Dominguez.
Diseño de Vestuario: Damasia Arias.
Sala Cultural Morán
Dirección: Pedro Moran 2147, Agronomía – CABA
Funciones: Domingos a las 19:00 hs (del 18/10/2026 al 29/11/2026).
Duración: 65 minutos

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