Teatro: “Macbeth”, de William Shakespeare.

Por Claudia Ferradas.

La “obra escocesa” (esa cuyo nombre los actores no se atreven a pronunciar porque se dice que trae mala suerte) es quizás una de las más conocidas tragedias de Shakespeare, y una de las más oscuras. Llama la atención, entonces, que la publicidad de la obra muestre un caballero ataviado con inconfundibles prendas isabelinas y una carta de tarot en la frente, sostenida por una flecha que le atraviesa la cabeza. Esa imagen, que convive con la daga ensangrentada que tradicionalmente remite a la obra, y un texto en el programa que reflexiona sobre la naturaleza del poder, abre entre el público una incógnita sobre el tono del espectáculo que se disponen a ver.

La apertura cumple con las expectativas: las voces de las tres brujas y el uso de música en vivo, video arte e iluminación tenue construyen el clima de tensión esperado; pero cuando entran  Macbeth y Banquo en la segunda escena parecen dos niños peleando con espadas de juguete. La audiencia, descolocada, reacciona con una risa nerviosa. De a poco el público de va dando cuenta de que están ante una puesta en la que el texto de Shakespeare, en toda su línea argumental trágica,  convive con una línea paralela en tono burlesco y por momentos grotesco. Con numerosos guiños a la audiencia, uso de lenguaje coloquial – incluso irreverente- y gags de comedia, cada paso brutal encuentra alivio cómico.

La traducción y versión de Andrés Sahade explora ese territorio en el que las tragedias Shakespereanas coquetean con el melodrama: solo un pequeño salto al vacío, un toque de exageración, y los personajes pierden su estatura trágica para convertirse en patéticos, cómicos. El gran logro de esta puesta es que, aunque reímos frecuentemente, la tragedia de la ambición no deja de interpelarnos y proponernos una reflexión ante el horror del poder que va por todo.

Esta duplicidad propone un gran desafío para los actores, que pasan sin solución de continuidad de la tragedia a la comedia con admirable versatilidad. A su vez, todos excepto el protagonista encarnan varios roles. Construyen personajes creíbles, profundamente humanos, apoyados por elementos de vestuario y utilería que marcan no solo su identidad sino el tono de la escena. A su vez, la puesta construye con solidez el tono ambivalente gracias a un cuidado uso de la iluminación y a la música original de Alejandro Bustos, interpretada en escena por un músico que es a su vez una de las brujas.

Si bien el dispositivo escénico es simple, se aprovechan todos los espacios de la sala, incluyendo la puerta trampa que lleva a un sótano bajo el escenario –una elección muy adecuada para que de ahí surja el portero que cuida “las puertas del infierno”, un personaje a menudo omitido en puestas contemporáneas que en esta versión interpela a la audiencia de manera directa, demostrando, como se lee en el programa, que no hay “nada más contemporáneo que la brutalidad medieval para llegar al poder”.

Entre esta riqueza de recursos, merece destacarse el uso de video mapping. Las imágenes en blanco y negro son fundamentales en la creación de climas, particularmente porque se utilizan dibujos de arena que toman forma ante los ojos del público, presentando capas de sentido que subyacen al texto, develando el horror aun en escenas de gran comicidad.

En síntesis, una obra que se atreve a reescribir el canon con creatividad y desparpajo, construida por actuaciones y recursos múltiples que contribuyen a un todo de gran calidad. Si bien no se incluyen las famosas líneas que afirman que “la vida es un cuento contado por un idiota, lleno de sonido y de furia, que nada significa”, cada elemento de la trama y la puesta remite a esa conclusión.

Opinión: Excelente

Ficha técnico artística

Actores: Charly Arzulián, Pablo Bronzini, Eleonora Valdez, Andrés Sahade, Sergio Ballerini, Gabriela Biebel


Dirección: Daniel Casablanca, Andrés Sahade


Autor: William Shakespeare


Versión y traducción: Andrés Sahade


Música original: Pablo Bronzini


Diseño de arte y vestuario: Analía Cristina Morales


Escenografía y utilería: Taller La Terraza


Iluminación: Caio Senicato

Diseño de sonido: Martín Scalise

Proyecciones: Franco Gregoris

Dibujos de arena: Alejandro Bustos

Datos de interés

Día y horario: SÁBADOS 20:30HS

Teatro El Método Kairós (El Salvador 4530; CABA)

Valor entrada: $400

Entradas en Alternativa Teatral o en boletería del teatro.


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