Vanya, de Simon Stephens.

Por Carla Leonardi.

Un clásico, al decir de Umberto Eco, es aquel que sigue teniendo algo que decir en el presente. Y tratándose de Tío Vania (Chejov, 1897), será clave su reescritura para hacerlo resonar en el presente y además lograr que el clásico siga manteniéndose vivo.

Vanya es la adaptación que realizó el dramaturgo británico Simon Stephens en 2003, concebida para un único actor que le da vida a los ocho personajes principales. La puesta local, con dirección de Oscar Barney Finn, sitúa los hechos en el tiempo presente y en un ámbito rural de la Patagonia argentina. De esta manera, logra concentrar los conflictos psicológicos presentes en el texto original y hacerlos resonar con la idiosincrasia y la contemporaneidad de nuestro país. 

La escenografía, de corte realista, nos transporta a la cocina comedor de una hacienda rural, con el suelo de pasto sintético (aquí una referencia geográfica). La obra mantiene el arco narrativo clásico, con sus triángulos de melodrama que hablan del desamor como algo actual y el tono del absurdo existencial que encarna Vanya al haber dedicado y desperdiciado su vida administrando la hacienda de un cuñado incapaz de reconocerlo, quedando reducido a un mero despojo humano. Además, Vanya representa al tipo psicológico del hombre empequeñecido e incapaz de actuar, de tomar las riendas de su propia vida. 

La resonancia de estos elementos propios de la condición humana universal está potenciada por la decisión de hacer de Alejandro, en lugar de un profesor retirado, un político en decadencia que para costear su retiro es capaz de dejar sin nada a aquellos que durante años le sirvieron y lo sostuvieron. Se explora una dimensión político social, una dinámica de las relaciones de poder, de sumisión y explotación que dialoga con problemáticas de actualidad en nuestro país en torno a la propiedad de la tierra. 

Tanto la iluminación como la música son austeras y bien empleadas al servicio de enfatizar las emociones de los distintos personajes. Lo más destacado de la pieza es la titánica labor de Paulo Brunetti, quien interpreta todos los personajes. El actor construye el pasaje de uno a otro a través de pequeños gestos, de variaciones en la voz, en la postura y apoyándose en un pequeño detalle del vestuario que permite al espectador identificar cada personaje. Este pasaje se aleja de la mera mimesis caricaturesca, Brunetti consigue encarnar estos roles que impactan en el espectador desde la ira, la desolación o la ternura, e incluso desde pequeños toques de humor. Las escenas de contacto entre los personajes están muy bien resueltas por la dirección de Barney Finn al utilizar la disociación corporal y el propio cuerpo del intérprete.

En todo este contexto, Vanya encuentra en la melancólica ternura de Iván cantando Canción de las simple cosas, en la emoción contenida con que habla Miguel de esa naturaleza que ama y que está desapareciendo, y en el estremecedor parlamento final que Sonia le dirige a Iván sus más maravillosos momentos. 

Calificación: Muy buena.

Paulo Brunetti y Oscar Barney Finn

Entradas al venta por Alternativa Teatral

FUNCIONES TODOS LOS DOMINGOS 15 HS

En la nueva sala de Almagro de Gastón Chocchiarale:

ALMAGNA (Guardia Vieja 3783)

Ficha técnico artística

  • Autoria: Simon Stephens
  • Sobre textos de: Antón Chéjov
  • Traducción: Marcelo Zapata
  • Actúa: Paulo Brunetti
  • Diseño de escenografía: Tomás Heck
  • Realización de escenografía: Tomás Heck, Damián Janza
  • Stage Manager: Damián Janza
  • Diseño de iluminación: Claudio Del Bianco
  • Fotografía de Escena: Pilar Camacho
  • Entrenamiento vocal: Marcelo Balsells
  • Prensa: Raquel Flotta
  • Producción ejecutiva: Tomás Heck
  • Producción general: Finn – Brunetti – Heck
  • Gráfica: Leandro Correa
  • Agradecimientos: Pablo Mariuzzi
  • Clasificación: Drama Adultos
  • Duración: 80 min


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