Pepita la pistolera, de Lucia Puenzo.

Por María Onaindia

«Pepita, la pistolera» fue una delincuente marplatense conocida no tanto por sus andanzas (que fueron muchas), sino por una noche de agosto de 1985, fecha en la que tres hombres entraron a su casa para robar y amenazar a su familia. Popularmente se dice que mató a los tres; según pericias policiales, en realidad uno logró escapar y murieron dos. Ese desfasaje entre leyenda y hecho ya era terreno fértil antes de que la película empezara a trabajar el suyo.

La película es una biopic que, como muchas, toma algunos hechos y descarta otros. Construye a Pepita (Luisana Lopilato) como una suerte de justiciera de los desprotegidos. No es un problema en sí mismo, el cine tiene larga tradición de convertir delincuentes en héroes populares, de Bonnie & Clyde a Tony Montana en Scarface, entre otros. El problema es cómo lo hace: no alcanza con historizar ni con dramatizar, hay que elegir qué se cuenta y desde dónde, y, en este caso, la elección es cómoda.

La leyenda popular le había atribuido a Pepita un muerto de más; la película le atribuye, además, una épica. El ejemplo más claro es la escena en la que ante un criminal serial que ataca prostitutas, Pepita ofrecerse como cebo a un criminal que ataca prostitutas. Ya no es una mujer que se defiende: es la justiciera del camino, saliendo a cazar en nombre de otras.

Gentileza de prensa

Muchas cosas se le ocurren a esta Pepita, y por suerte las resuelve rápido. La cámara tiene otras prioridades: el rostro de Lopilato, en primer plano, una y otra vez. Su belleza nadie la pone en duda, la cámara tampoco.

El guion decide convertirla en heroína y la puesta en escena, en estrella. Entre tanta admiración por Lopilato, Pepita queda desdibujada. No ocurre lo mismo con Charo López, Marcelo Subiotto y Claudio Tolcachir, quienes actúan sin necesidad de subrayar nada.

Y si hablamos de subrayar, el tema de las lágrimas es un recurso que se repite durante toda la película, como si con ellas se pudiera soslayara cualquier ambigüedad moral. En las escenas dramáticas los ojos se mantienen permanentemente inyectados: no importa si lo que sale de esa boca es «te voy a meter cuatro tiros en la nuca», si se dice con lágrimas en los ojos pareciera que hay cierta ética con los deseos más primitivos de venganza. El mayor de los proxenetas, interpretado por Alberto Ajaka, lleva adelante su papel sosteniendo escenas que atentan contra la verosimilitud de un delincuente experimentado, que podría construir con una mirada serena de aquellos que carecen de culpa. La dirección decide construir este rol desde otro lugar.

La película podría haber sido un thriller de acción sobre una mujer violenta y delictiva, pero elige ser una fábula de justicia poética con tiros de fondo. Si uno tiene ganas de ir a ver una heroína de los suburbios, no está mal, los actores la sostienen.

Lucía Puenzo viene de contar historias que no le tienen miedo a la ambigüedad (Wakolda), por lo que sorprende que acá elija el camino más fácil: una Pepita bella, lacrimógena y con causa justa, antes que la mujer real y contradictoria que disparó dos o tres veces veces, según a quién se le pregunta, y no volvió a llorar por eso. Cuatro tiros en la nuca, pero llorando.

Puntuación: 2.5 de 5.

Estreno: 3/9/2026.

Ficha técnica

ELENCO: Luisana Lopilato, Claudio Tolcachir, Alberto Ajaka, Charo López, Marcelo Subiotto, Camila Peralta, Esteban Bigliardi, Gustavo Bassani.
PRODUCTORES: Lucas Jinkis; Lucía Puenzo; Esteban Puenzo; Cabe Bossi; Pol Bossi; Luisana Lopilato y Javier Furgang.
PRODUCTORAS: Zeppelin Studios, Historias Cinematográficas, Pampa Films, Life Is One, The Remake.
GUIÓN: Lucía Puenzo, Andrés Gelos, Tatiana Mereñuk
PRODUCTOR EJECUTIVO: Esteban Puenzo
DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓN: Maximiliano Hunglinger
ASISTENTE DE DIRECCIÓN: Marcelo Pozzo
DIRECCIÓN DE FOTO: Iván Gierasinchuk
DIRECCIÓN DE ARTE: Marcelo Chaves
VESTUARIO: María Laura Cacherosky
MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA: Alberto Moccia
MONTAJE Y PRODUCCIÓN MUSICAL: Misael Bustos
DISEÑO DE SONIDO: Fernando Soldevila
MÚSICA ORIGINAL: Andrés Goldstein, Daniel Tarrab
DURACIÓN: 106 minutos
DISTRIBUIDORA: Buena Vista International


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