Putamadre: La ficción teatral como posible salida de la devastación

Escribe Carla Leonardi

En el comienzo, se proyectan imágenes de videos caseros que muestran momentos luminosos y felices de la infancia de un niño. Su madre dice que desde que nació Santiago nunca pudo dormir tranquila, que dio a luz a «un pájaro negro». Putamadre arranca así a desentrañar la compleja relación entre una madre y un hijo, atravesada por los problemas de conducta en la infancia, el consumo problemático de sustancias en la adolescencia y la privación de la libertad en la cárcel en la etapa de la juventud.

Se trata de una obra que hibrida la autoficción, la performance y el documental, tomando como punto de partida la novela homónima, en torno al vínculo madre-hijo, escrita por la periodista, productora y actriz Carolina Fernández. Ella misma le pone voz y cuerpo a su propia experiencia de maternidad, mientras que dialoga con fragmentos documentales del punto de vista de su hijo Santiago, filmados durante su actual confinamiento en la unidad penitenciaria de José León Suárez por una causa de narcomenudeo.

La obra está abordada con un formato narrativo que avanza por bloques temáticos, mientras Carolina, vestida con un trench de color negro que marca el tono oscuro entre el drama de terror intimista y el thriller policial, se mueve por el escenario entre cubos lumínicos, interpretando escenas de diálogo con su hijo, con policías, con médicos, y rompiendo la cuarta pared para interpelar al público. A lo largo de la puesta, se va percibiendo la vulnerabilidad y la inermidad de esa madre frente a lo insoportable del exceso que viene de ese hijo, que por momentos aparece como una suerte de monstruo extraño, ajeno a ella, mientras que en otros momentos ambos viven un pacífico idilio de completud amorosa. Uno parece ser el espejo complementario del otro y se palpa la dificultad para establecer cierta dimensión de la separación simbólica, que sólo puede establecerse con la fantasía de la muerte de alguno de ellos o de la estructura carcelaria, que consigue poner allí un punto de «basta».

En el desarrollo de la acción se va desbrozando una crítica al juicio social que recae sobre las madres, cuando no se ajustan al modelo de la madre ideal. Por otra parte, surge también un juicio sobre el sistema de salud mental desmantelado, que muchas veces no consigue responder con efectores adecuados, y al sistema penitenciario, que suele responder con abusiva represión, más que con políticas de reinserción social en consonancia con la preservación de los derechos humanos.

El título de la obra es interesante, pues nombra muy bien el nudo del conflicto en esa relación madre-hijo. Señala así el vector del exabrupto como desahogo de esa madre cansada e impotente frente al imparable descontrol del hijo, pero también nombra como «puta» a la madre, marcando la dimensión del deseo de mujer en ella, intolerable desde el lado del hijo. Porque una madre no siempre es la de los cuidados; a veces puede ser también un estrago.

En Putamadre no puede dejar de señalarse la valentía de Carolina Fernández al jugársela por transmitir con crudeza su propia historia, pero con la delicadeza necesaria para evitar la exposición meramente catártica u obscena. Hay además un logrado trabajo de trasposición de la novela original en la dramaturgia compartida por la protagonista y Tere Donato, a lo que se suman un buen diseño de iluminación, sonido y música, que están muy bien utilizados, al servicio de la ficción teatral.

La pieza funciona como producción conjunta del binomio madre-hijo, y se configura como un saber hacer con “lo demasiado” que los atraviesa, además de brindar la posibilidad de reparar algo del mutuo daño. La ficción creadora se ofrece así como posible salida amorosa respecto de las ruinas de la devastación.

Putamadre es una obra feroz y dura, pero también sensible y vulnerable, como reflejo mismo de las contradicciones que nos hacen humanos. Es una propuesta recomendable, que exige desromantizar lugares comunes y deponer el juicio moral, para poder adentrarnos en las complejidades de la maternidad.

MUY BUENA

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Tere Donato & Caro Fernández}

Actuación: Caro Fernández & Santiago Laborde

Diseño de Iluminación: Daniel Ortega

Iluminación: Fede Martini y Jaime Muschieti

Escenógrafa: Julia Freid

Diseño y Realización de Vestuario: Julieta Harca

Asesoramiento corporal: Margarita Molfino

Asistente de Dirección: Camila Marino Alfonsín

Asistente de Producción: Inés Zimmermann

Asistencia Técnica de Escenografía: César de Lucca & Santiago Laborde

Dirección Audiovisual: Gonzalo Zapico

Montaje: Mariano Sabán

Sonido: Adriano Mántova

Asistente de Video: Fermín Vissio

Coach Actoral Audiovisual: Lola Berthet

Fotógrafo: Sebastián Freire

Vestuario en fotos: Atelier Pucheta Paz

Prensa: Marisol Cambre

Community Manager: Paulina Serra

Diseño Gráfico: Repo Bandini

Realización Escenográfica en talleres de la Unidad Penitenciaria 48 de José León Suarez.

Realizador: Pablo Gastón Amra

Coordinación: Santiago Laborde

Ayudantes y aprendices: Walter Escalante Zalazar, Oscar Chavez Arias y Daniel Espinoza.

Dirección: Felicitas Kamien

Una producción de Claudio Plano & Caro Fernández

SALA Dumont 4040

Dirección: Santos Dumont 4040

Duración: 70 minutos

Funciones: viernes a las 21.30hs


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