El buen patrón, de Fernando León de Aranoa.

Por Manuel Germano.

Llegó a las salas de cine del país «El buen patrón«, película española que tuvo un excelente paso por festivales internacionales (6 premios Goya y 4 premios platino, entre otras nominaciones).

La película relata una semana en la vida de Julio Blanco (Javier Bardem), empresario y dueño de «Balanzas Blanco», fábrica donde todo funciona como «una gran familia» , de acuerdo a palabras del protagonista. En el filme se narran las diferentes situaciones que le acontecen a Blanco, desde un empleado que es despedido y desata una tragedia, a un conflicto de índole íntimo, todas ellas en un in crescendo muy bien elaborado de principio a fin.

Si de contar matices en las relaciones laborales – personales se tratara, sin duda «El buen patrón» es un buen ejemplo como película. Más allá de todo lo que Blanco tiene que atravesar persigue un objetivo claro: mantener la reputación de su empresa cueste lo que cueste. No hay moralidad que valga.

«El buen patrón» alterna el humor negro y la tragedia con inteligencia. Desde su comienzo mantiene al espectador atento a cómo las diferentes situaciones que se presentan logran (o no) resolverse. Con gracia e incomodidad, el realizador de «Escobar, la traición» y «Un día perfecto» reflexiona a través de su material sobre el poder y la ambición.

El elenco, muy sólido, se encuentra liderado por un gran trabajo de composición de Javier Bardem.

«El buen patrón» es un filme muy bien ejecutado que no hay que perderse.

Ficha técnica – artística.

Título original: El buen patrón.

Año: 2021

Duración:120 min.

País: España.

Dirección: Fernando ´León de Aranoa.

Guion: Fernando León de Aranoa

Música: Zeltia Montes

Fotografía: Pau Esteve Birba

Reparto: Javier Bardem, Manolo Solo, Almudena Amor, Óscar de la Fuente, Sonia Almarcha, Fernando Albizu, Tarik Rmili, Rafa Castejón, Celso Bugallo, Yaël Belicha, Martín Páez, Daniel Chamorro, María de Nati, Mara Guil, Pilar Matas

LICORICE PIZZA, de Paul Thomas Anderson

Por Fabio Albornoz.

Paul Thomas Anderson pertenece a ese pequeño grupo de cineastas, que posee el privilegio de trabajar en el seno de Hollywood, con una –aparente- total libertad creativa. Por supuesto, se trata de un “triunfo” ganado a base de una de las filmografías más sólidas (con 9 películas en total) que la industria ha visto en los últimos años.

Desde 1996, Anderson ha indagado en multiplicidad de géneros, pero lo hizo con un nivel de apropiación realmente notable. Nadie puede dudar de su autoría en ninguna de las películas, y eso explica la razón por la cual “Licorice Pizza”, su nuevo film (tras la magnánima “El hilo fantasma”), funciona a pesar de ser una suerte de antítesis de algunas de las bases que construyeron su cine.

La historia no puede ser más sencilla: seguimos el creciente amor platónico entre Alana y Gary Valentine (hijo del gran Philip Seymour Hoffman), con Los Ángeles del año 73’, como escenario protagonista de los idas y vueltas amorosos. La secuencia inicial, parece marcar la dinámica que trabajará todo el film. Sin preámbulos, asistimos a la idea del amor a primera vista. Gary intenta conquistar a Alana, forzando largos planos en los que la cámara se vuelve en un constante ida y vuelta donde sus rostros se (des)encuentran. El ida y vuelta es el motor constitutivo de “Licorice Pizza”.

Ella tiene 25 años. Él 15. Allí parece emerger un potencial conflicto que instaura algo del orden de lo platónico. Sin embargo, Paul Thomas Anderson desmonta (o intercambia) los roles. Los adultos de “Licorice Pizza” son inmaduros y repletos de inseguridades, mientras que los jóvenes, parecen mucho más grandes. Alana no sabe que hacer de su vida, y Gary emprende negocios, actúa, y se maneja como un “pequeño adulto”. Alana, de la mano de Gary, sale del confort de la vida rutinaria, para conocer un mundo nuevo.

Durante todo el film, la vemos intentando hacer todo aquello que nunca se había animado. Una brillante idea de PTA en la que concibe un sistema-espejo (elemento con el que además juguetean en la primera secuencia), como materia prima de todo el relato. Es sabido que Paul Thomas Anderson no suele atarse demasiado a las estructuras clásicas, y “Licorice Pizza” continúa la tradición con una historia lúdica, libre de ataduras, llena de pequeñas peripecias y personajes que se topan en el camino de los protagonistas. Hay un trabajo casi continuado al que hizo Quentin Tarantino en su magistral “Había una vez en Hollywood”. Dos estructuras visiblemente “anecdóticas” que ocurren en un marco temporal determinado, y con
Los Ángeles como epicentro.

“Licorice Pizza” tiene una trama extremadamente sencilla, pero no necesita de más.
La mirada de Paul Thomas Anderson no es ensoñadora. Se evidencia un contexto socio-político tumultuoso. Los diarios y las noticias son una rendija por la que observamos el contexto, pero a su vez, ese mundo conflictuado presiona tanto que se hace imposible que Alana y Gary no lo vean. Por ejemplo, la crisis de petróleo afecta directamente sus negocios. Por otro lado, las elecciones, hacen que ella intente asumir un compromiso político “serio”.

Hay unas cuantas tensiones dramáticas que se producen, pero todas ellas, efímeras. PTA las predispone para que este amor platónico encuentre escollos y distancias a ser superadas. No es casual: el travelling lateral es el movimiento de cámara más utilizado en todo el film. Conecta distancias. Alana y Gary corren constantemente para encontrarse ante un mundo que parece empeñado en separarlos. Parecía que la concepción del amor que tenía Anderson, era un tanto melancólica y amarga. Allí están los personajes rotos de “Punch-Drunk Love” y “El hilo fantasma”. Pero en “Licorice Pizza”, entiende que lo que se filma es el primer amor. Un amor juvenil, fresco, luminoso y en constante movimiento.

Alana Haim y Cooper Hoffman (Gary Valentine) tienen una sencillez tan extraordinaria que se acoplan perfecto a la propuesta narrativa del film. Paul Thomas Anderson ha decidido filmar una historia con rostros “reales”, despojados de cualquier glamour (o estándar de belleza) posible. Y en ese sentido, “Licorice Pizza” podría ser cualquier historia de primer amor. Es universal y nos interpela.

La idea del amor como acontecimiento es apabullante y ardua de filmar, pero “Licorice Pizza”, parece ofrecer las respuestas a ese dilema cinematográfico. Paul Thomas Anderson lo hizo de nuevo.

Opinión: Excelente.

Ficha técnico- artística.

Título original: Licorice Pizza

Dirección: Paul Thomas Anderson

Guion: Paul Thomas Anderson

Música: Jonny Greenwood

Fotografía: Paul Thomas Anderson, Michael Bauman

Reparto: Alana HaimCooper HoffmanSean PennTom WaitsBradley CooperBen SafdieMaya RudolphJoseph CrossEmma DumontSkyler GisondoMary Elizabeth EllisEmily AlthausAnthony Molinari.

Productora: Ghoulardi Film Company, Bron Studios, Focus Features. Distribuidora: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)

«El prófugo» de Natalia Meta.

Por Fabio Albornoz.

El cine argentino está viviendo una suerte de luna de miel con el género fantástico, territorio que –curiosamente- posee una escasa tradición en nuestro país. Esa inexperiencia se tradujo en recurrentes intentos fallidos de abordar al género, que en los últimos años ya empiezan a tomar un espesor mucho más sólido.

Aparecieron los hermanos Bogliano, Daniel De La Vega, los Onetti, Demián Rugna, Cristian Ponce, Alejandro Fadel, y una camada de cineastas que desde distintas ópticas (e incansablemente) aportan un corpus de films de terror de lo más variados, y con claros signos de maduración año tras año.

A ellos habría que sumar también el notable aporte que producen desde la rama literaria, escritoras como Mariana Enríquez y Samanta Schweblin. Hay un lazo (o lógica causal) que exige siempre la observación entre las diversas artes y en ese sentido, se da un proceso orgánico que anticipa en Argentina los tiempos del terror.

“El prófugo”, segundo largometraje de la cineasta Natalia Meta (“Muerte en Buenos Aires”), se inserta, quizás de manera un tanto más lateral y criptica, en ese listado. Una adaptación libre de la novela de C.E. Feilling, cuyo estreno estaba previsto para el año pasado (cuando compitió en el festival de Berlín), y termino postergándose por un año y medio.

Con el protagónico absoluto de la gran Érica Rivas, y las participaciones de Cecilia Roth, Daniel Hendler y Nahuel Pérez Biscayart, “El prófugo” nos narra la historia de Inés, una doblajista y cantante que, luego de unas vacaciones paradisiacas junto a su pareja, comienza a tener problemas en su voz. Conviene no adelantar demasiado de lo que sucede en “El prófugo”, porque estamos ante un film cuyo gran atractivo es precisamente la impredecibilidad.

Los hallazgos visuales y narrativos que poseía “Muerte en Buenos Aires”, se empastaban en problemas estructurales que diluían las buenas intenciones. En ese sentido, “El prófugo” representa una evolución contundente de Natalia Meta, constructora de una película notable y muy exigente.

El reino de la mente articula a “El prófugo”, no solo como idea narrativa, sino también en su relación con el espectador. Natalia Meta no regala las respuestas, pero a pesar de su maraña de conceptos, son los diálogos y detalles quienes construyen la significación.

No es una película sencilla, es cierto. Quedaran muchos afuera. Otros se enojarán. “El prófugo” se la juega (y llega lejos) en terrenos inexplorados por el cine nacional. Requiere de varios visionados que permitan configurar la totalidad de una cinta que se enlaza a través de sueños y momentos grotescos.

Natalia Meta usa la hibridez entre thriller-terror-comedia para obtener como resultado una obra extrañísima y absolutamente macabra.

Hay algo (por no decir mucho) de las emociones desplazadas de David Lynch. Escenas cuyo valor es doble, por un lado, parecieran tener un tono sarcástico, que rápidamente se transforma en extraño e incómodo dentro de su dilatación temporal.

La sensación de inseguridad que nos produce cada mirada, cada pasillo estrecho (con interiores Polanskianos que tejen la idea de espacio-mente) y una paranoia que se apropia del relato de forma extraordinaria, bajo el rostro de la siempre alucinante Érica Rivas.

“El prófugo” se puede disfrutar incluso como si fuese un drama. El de una mujer que ha perdido lo que es su herramienta de trabajo, la voz. También, es la metáfora de la violencia de género y la necesidad de hablar. Cuando no se habla, se pierde la libertad.

Meta no necesita de grandes banderas para configurar lecturas posibles. Es una obra rica en matices e ideas. Contundente, como pocas lo han sido en la historia del cine nacional fantástico.

Otro paso firme del género y, esperemos, el inicio de una sólida (y prometedora) carrera para su realizadora.

Opinión: Muy buena.

Ficha técnico – artística.

Título original: EL PRÓFUGO
Título internacional: THE INTRUDER

Año: 2020
País: Argentina
Duración: 95’
Formato: 2K, 2.39, Color, 24 fps, 5.1.
Cámara: ARRI Alexa
Categoría: Ficción
Género: Drama / Suspenso Psicológico
Idioma(s): Español
Formato de rodaje: 4K
Formato de proyección: DCP
Relación de aspecto: 2.39
Imagen: Color
Mezcla de Sonido: 5.1
Locaciones: Buenos Aires (Argentina), Playa del Carmen (México).

EQUIPO

Dirigida por
Natalia Meta

Producida por
Rei Cine, Picnic Producciones

Coproducida por
Barraca Producciones, Infinity Hill

Con el apoyo de
Telefé, Viacom Internacional Studios, Piano, La Bestia Equilátera

Productores
Benjamín Domenech, Santiago Gallelli, Matías Roveda, Natalia Meta, Fabiana Tiscornia.

Guión
Natalia Meta, basada en la novela ‘El Mal Menor’ de C.E. Feiling.

Colaboración en Guión
Leonel D’Agostin

EQUIPO TÉCNICO

Dirección de Fotografía
Bárbara Álvarez

Montaje
Eliane Katz (SAE)

Dirección de Arte
Ailí Chen

Diseño de Sonido
Guido Berenblum

Compositor Musical
Luciano Azzigotti

Dirección de Producción
Mercedes Tarelli

Asistencia de Dirección
Adriana Vior, Marcello Pozzo

Casting
Mariana Mitre, Laura Paredes

Vestuario
Mónica Toschi

Maquillaje
Emma Miño

Peinado
Silvina Paolucci

Supervisión de Post
Iair Michel Attias

ELENCO

Érica Rivas
Nahuel Pérez Biscayart
Y Daniel Hendler

Con la participación especial de Cecilia Roth
Con Guillermo Arengo
Agustín Rittano
Gabriela Pastor
Flor Dyszel
Y la participación especial de
Mirta Busnelli

CON EL APOYO DE

INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales)
Mecenazgo Cultural – Buenos Aires Ciudad
Venice Biennale Gap Financing Market

VENTAS INTERNACIONALES

Film Factory

«Minari», de Lee Isaac Chung.

Por Manuel Germano.

Con varias nominaciones en la pasada temporada de premios e incluso un Oscar a mejor actriz en un papel protagónico para Youn Yuh-jung, Lee Issac Chung construye un relato emotivo desde su sencillez, una historia de familia que atraviesa un cambio radical en su vida y que debe atravesar las dificultades que eso conlleva desde lo económico y lo sentimental.

Luego de tomar la decisión de alejarse de la ciudad, una familia oriental se muda a Arkansas con el objetivo de construir una granja y vivir el «sueño americano», o por lo menos intentarlo. A través de los muy bien delineados personajes, se pueden ver las esperanzas, miedos y el desconcierto que este cambio impacta en cada uno de ellos. La llegada a la casa de la abuela (Youn Yuh-jung), quien viaja desde Corea a Arkansas para ayudar a cuidar a los chicos, le aporta a la película la frescura y el humor necesarios para contra restar la crisis que el matrimonio atraviesa. La relación de esta abuela tan particular con el nieto menor, un adorable Alan S. Kim, que le da vida a un ocurrente y travieso niño que padece de una anomalía cardiaca que le impide hacer grandes esfuerzos, es sin duda la piedra angular de esta película. Ambos actores interpretan escenas cargadas de poesía y emotividad. Desde la cotidianeidad de su relación, estos personajes crecen y ofrecen diferentes matices. Por otro lado, Steven Yeun y Han Ye-Ri interpretan personajes con fuerza y emoción. Sobre sus personajes se encuentran las problemáticas adultas que el matrimonio se plantea al ver que las metas no se alcanzan y que la forma de pensar de cada uno de ellos no apunta a una misma dirección.

Lejos de transformarse en un relato lineal que podría caer en la monotonía, «Minari» se transforma en una historia valiosa, intima y entrañable de una familia que debe buscar su fuerza interior para poder lidiar con lo que les sucede. Es una película que nos habla de la importancia de la unión familiar frente a las adversidades.

Opinión: Muy buena.

Título original: Minari. Año: 2020. Duración: 115 min. País : Estados Unidos. Dirección: Lee Isaac Chung. Guión: Lee Isaac Chung. Música: Emile Mosseri. Fotografía: Lachlan Milne. Reparto: Steven Yeun, Han Ye-ri, Youn Yuh-jung, Alan S. Kim, Noel Cho, Will Patton, Scott Haze, Eric Starkey, Esther Moon, Tina Parker, Darryl Cox. ProductoraPlan B Entertainment. Distribuidora: A24

«The father», de Florian Zeller. (Oscars 2021).

Esta reseña ha sido redactada con anterioridad a la entrega de los Premios Oscar.

Se aconseja su lectura luego de haber visto la película.

Para escuchar mientras se lee, la música de Ludovico Einaudi para «EL PADRE» aquí.

Por Fabio Albornoz.

De nacionalidad francesa, Florian Zeller ya es, desde hace varios años, uno de los dramaturgos más  populares (y adaptados) fuera de su país de origen. Con un camino firme en el teatro, Zeller decidió  dar un volantazo en su carrera y desembarcó en el mundo del cine con EL PADRE, una adaptación de su propio texto teatral. 

Co-escrita junto al experimentado guionista Christopher Hampton (EXPIACIÓN, DESEO Y PECADO o  RELACIONES PELIGROSAS), EL PADRE comenzó a cosechar rápidas respuestas positivas, y un enorme  caudal de elogios que la fueron posicionando en la recta final de los Óscar, obteniendo finalmente 6  nominaciones que incluyen Mejor película, Guión adaptado, y el reconocimiento actoral a Olivia  Colman y Anthony Hopkins

EL PADRE es, a grandes rasgos, la historia de un hombre de 80 años que sufre alzheimer, y se  encuentra cada vez más desconectado de la realidad. Su carácter y cinismo, han hecho que ninguna  enfermera quiera encargarse de él, por l que Anne, su hija, se enfrenta a un enorme dilema moral que  está poniendo en ruinas su propia vida. 

Suelen colarse estas películas británicas y teatrales en los Óscar. Generalmente, son de poca  importancia cinematográfica. Incluyen un tour de force actoral, encapsulado bajo un marco  excesivamente estático, que poco y nada tiene que ver con el cine. 

De hecho, todo hacía pensar que este año tendríamos varios films teatrales compitiendo en Mejor  película, cosa que (afortunadamente) no sucedió. LA REINA DEL BLUES (Ma Rainey’s Black Bottom) y  UNA NOCHE EN MIAMI son el ejemplo perfecto de cintas que nunca pueden trascender su propia  raíz teatral.  

Qué una película derive de una obra teatral, o tenga una puesta en escena teatral ¿significa que es  fallida? Por supuesto que no. Hay una larga lista de películas exitosas. Sin ir más lejos, los cineastas  Sidney Lumet o Roman Polanski, han trabajado largo y tendido bajo estas estructuras, pero  curiosamente nunca nos parece estar viendo obras filmadas, porque hay algo del cine que  trasciende. 

 

En el caso de EL PADRE, las expectativas eran nulas. Zeller es un tipo que está muy arraigado al  teatro, pero algo en esta película resulta interesante: su decisión de NO escribir el guión solo. Christopher  Hampton funciona como soporte, le aporta al film un espesor que es 100% cinematográfico.  

Zeller supo entender que se trata de dos lenguajes distintos, por esa razón, EL PADRE es el ejemplo  magistral de cómo trascender una obra de teatro y hacerla cine. Exprimir los recursos del lenguaje  cinematográfico con una enorme inteligencia. 

El filósofo Alain Badiou, intentando obtener una definición del cine moderno, mencionaba a Pasolini  y Antonioni como los cineastas que propiciaron un quiebre en el modo de filmar. Para Badiou el autor no aseguraba una transparencia total del relato, si no que hacía ver su propia mano. La  cámara se sentía. Se ajustaba a la emocionalidad de los personajes. 

Esta afirmación puede ser cuestionable, claro, pero sirve muy bien a la hora de hablar sobre EL  PADRE. 

Zeller no es ni Antonioni, ni Pasolini (claro), pero hace que su cámara se meta en la maraña mental  de un hombre que sufre alzheimer. Lo que comienza como un relato ordenado y lineal, rápidamente  se quiebra. La información se pisa, se contradice, aparecen personajes que no existen (o sí), otros  desaparecen para no volver, los rostros se cambian y los nombres también. 

El guión es de una solidez extraordinaria. Una arquitectura complejísima, perfectamente  ensamblada por el dinámico montaje de Yorgos Lamprinos. 

Un rompecabezas caótico como la mente de Anthony, su protagonista. Zeller nos desconcierta e  irrita. Exige de un espectador activo que reúna las piezas, y sienta lo que vive el personaje. Nos  interpela y emociona en todo su esplendor por esa proximidad que construye.  

EL PADRE trabaja siempre bajo una unidad espacial. Hay muy pocos (y breves) exteriores. Todo lo  que sucede está allí, en esa casa. En esa relación entre Anne y Anthony. Y, sin embargo, la película  nunca se rinde al formato teatral. Lo esquiva, lo enrarece. Cada espacio y cada situación está enrarecida. La cámara encuadra frontalmente el marco de las  puertas, los pasillos, y cada recoveco de la casa. Los diversos espacios se van modificando, alterando  de color y de diseño, pero siempre son el mismo.  

Es tal el desconcierto que muchas veces EL PADRE se transforma en una película pesadillesca, con el  sello autoral de Polanski. Un personaje que parece estar sufriendo una especie de conspiración de  todo su entorno para hacerlo quedar como loco. 

Y ahí esta Anthony Hopkins, regalando una interpretación absolutamente colosal. Recorre el espacio  con maestría suprema. La forma de moverse y del “decir” determinan a la perfección los rasgos de  su personaje. Lo de Hopkins es un tour de force, sí, pero no está solo. Todos los actores secundarios hacen un trabajo  espléndido como soportes, y Olivia Colman resigna su fuerza y estelaridad, en pos de construir un  papel contenido, pero brillante. 

EL PADRE es tan compleja como la mente humana. Se aproxima a una problemática de forma  ingeniosa, profunda y conmovedora. Atisba un rayo de luz a las venideras adaptaciones teatrales.  Con su debut en el cine, Zeller ya se instala como una figura digna de tener en cuenta.

Opinión: Muy buena.

Ficha técnica – artística.

Título original: The Father.Año: 2020. Dirección: Florian Zeller. Guión: Florian Zeller, Christopher Hampton. Obra: Florian Zeller. Música: Ludovico Einaudi. Fotografía: Ben Smithard. Reparto: Anthony Hopkins, Olivia Colman, Imogen Poots, Rufus Sewell, Olivia Williams, Mark Gatiss, Evie Wray, Ayesha Dharker. Productora: Coproducción Reino Unido-Francia; Trademark Films, Embankment Films, Film4 Productions, F Comme Film, AG Studios NYC. Distribuidora: Lionsgate